Fotos | Luis Fernando Trejos | LA PATRIA
26 horas en Macondo. Este programa, creado por el profesor Carlos Ariel Quiceno Zuluaga, es reconocido por incentivar la lectura en niños y adolescentes de Manizales.
Carlos Ariel Quiceno Zuluaga tiene que ver con muchas cosas. Con los primeros años del barrio La Enea, de Manizales. Con una escuela veredal donde entre una noche y una madrugada murieron seis personas. Con la Librería Diana, en el centro de la ciudad. También desde hace 10 años con el Manantial de Palabras, del colegio San Pío X, y desde hace uno con Macondo. Y desde diciembre pasado con la distinción Eladia Mejía, que le otorgó la Alcaldía como mejor docente urbano en la capital de Caldas.
¿Cómo es lo de sus años escolares en La Enea?
“Con mi familia llegamos de Neira a finales de los 80. Como no había donde estudiar abrieron la escuela Rosario Jurado, era prefabricada. Había muchos niños y estudiábamos en tres horarios: de 7:00 a.m a 11:00 a.m. de 11:00 a.m. a 3:30. Y los de cuarto y quinto, estudiábamos de 4:00 p.m. a 8:00 p.m. Los descansos eran de noche, sin alumbrado público y en calles que aún eran en tierra, jugábamos escondidijo. Recuerdo también los voleos de terrones”.
Naciente
La creación del centro educativo, recuerda Carlos Ariel, la impulsó Hernán Ortiz Parra, recordado sindicalista del magisterio, asesinado en el 2022 en un restaurante en Aranzazu. “Él fue un gran luchador y esta escuelita surgió por sus gestiones”.
¿En qué momento usted se convirtió en docente?
“Como en La Enea aún no había bachillerato, mi padre me matriculó en 1985 en la Normal de Varones (hoy Normal de Manizales a un lado de la Universidad de Caldas). Llegué allí sin intención de ser ser maestro. En octavo, siendo muy joven, ya me mandaban a las prácticas de maestro. Eso me gustó. O sea, soy un maestro como por accidente, pero ya después descubrí una vocación. Una vocación a la pedagogía”.
Itinerario rural
En 1994 a nuestro personaje lo nombraron como profesor dele Municipio. El destino lo llevó, cuando tenía 20 años, por una ruta que pasa por el barrio Solferino, la vereda Alto del Guamo hasta llegar a los límites con Neira y lo ubicó en la vereda Hoyofrío, a 12 kilómetros de la cabecera municipal de Manizales. En el caserío entendería lo que es ser maestro en la zona rural, aislada y olvidada históricamente por el Estado. Allí comenzó su carrera hace 32 años. Las botas pantaneras formaron parte de su uniforme. Además de enseñar a leer y escribir, aprendió los secretos de sembrar y otras cosas del campo. También a distinguir cualquier sonido a distancias asombrosas.
¿Hablando de sonidos a lo lejos, qué fue lo que le pasó en Hoyofrío que lo marcó a usted para toda la vida?
“Allí me tocó la masacre del primero de diciembre de 1998. Desafortunadamente me mataron a dos alumnos y a sus padres. No se sabe por qué ocurrió. Vinieron las fuerzas oscuras y los asesinaron. Ese día teníamos la fiesta del niño y no se pudo realizar. En noche en la vereda Mangabonita se vino un derrumbe y mató a dos personas. Los seis cuerpos sin vida los pusieron en la escuela para la inspección judicial. Fue el episodio más doloroso de mi vida profesional. Como en el campo se oyen todos los sonidos, yo escuchaba una moto a lo lejos y creía que algo malo nos iba a pasar. Hasta que por fin en 1999 la Alcaldía me trasladó a la zona urbana”.
Retorno a La Enea
El camino para Carlos Ariel lo trajo de nuevo a La Enea, justo a la escuela Rosario Jurado, donde estudió el tercero, cuarto y quinto. Allí llegó y fue compañero por un año de don Jorge, quien fue su docente escolar en el mismo establecimiento. Luego lo reemplazó como educador. Desde entonces, su lugar de trabajo es la Institución Educativa San Pío X.
¿Cuándo empezó su interés por la literatura?
La verdad puedo decir que cuando ingresé al magisterio no sabía leer. A la edad de 26 años el único libro que conocía era la cartilla Nacho lee. Es decir, no tenía el hábito por la lectura. Resulta, que para complementar mi sueldo con lo que ganaba como maestro (aún en la escuela de Hoyofrío), empecé a trabajar en las tardes, cuando alcanzaba a llegar, en la Librería Diana. Mi jefe, Octavio Giraldo, me decía: ´si se venden libros, le pago, de lo contrario no´. Me daba dos mil, cinco mil, 10 mil pesos”.
Muchos cuentos
La exigencia del negocio y de los clientes lo pusieron a leer de corrido literatura local, nacional e internacional. Su jefe le puso como tarea, primero que todo, leer La carta a García, ese texto que invita a un cambio de actitud, mejoramiento personal y aporte a lo colectivo. Para el profe Carlos Ariel, más práctico, esa lectura es un llamado de atención, un regaño. Entendió que debía aprender a leer, a entender las lecturas. Empezó por algo sencillo: Cuentos de la selva, del uruguayo Horacio Quiroga. Prosiguió estand por estand devorando cada cuento infantil hasta llegar al colombiano Rafael Pombo y otros.
¿Cómo fue su encuentro con la obra de Gabriel García Márquez?
“Fue en la Librería Diana, de la carrera 24 con 21, que mi esposa y yo adquirimos a don Carlos, dueño y familiar mío. Llevamos 22 años con el negocio. Me volví un gran lector, aprendí de libros y de literatura. Allí hallé lo de del premio nobel 1982. Me parecieron muy bonitos. Muchos años después, como dice el texto de García Márquez, me leí Cien años de soledad. Creo que lo he leído unas 15 veces, me lo sé casi de memoria. Es extraordinario”.
Un traslado clave
Un día cualquiera, como recuerda el profesor, siendo docente de grado quinto en la Rosario Jurado, el rector de entonces del San Pío, Jorge Moreno, le dijo de frente: “Usted está siendo desaprovechado”. Y luego le pidió: “Vengase a décimo y once para que los chicos aprendan de literatura”. Hoy, además de clases, dicta charlas en Manizales y en Caldas sobre libros y autores. También, un día cualquiera, se empezó a gestar una iniciativa que hoy gana reconocimiento en la región y en el país: Manantial de las Palabras.
¿Qué es Manantial de las Palabras?
“En el 2011 con un grupo de docentes, entre ellos Jaime Sánchez, Pilar Cadavid, Rubiela Raigosa, Rodrigo Betancur, creamos el proyecto Manantial de las palabras. Tiene que ver con la oralidad, la poesía, la escritura, el arte de hablar en público. En el área de español y literatura está Manantial de las palabras, es el Proyecto Educativo Institucional (PEI)”.
Lectura en aviones
Ese Manantial de creatividad surgió en el San Pío X y sigue vivo. En el 2026 llegará a su edición 16. Por el Concurso han pasado, de acuerdo con cálculos de la Institución, cerca de dos mil niños, desde jardín hasta séptimo. Ellos se imaginan los cuentos y los escriben. En la actualidad circulan dos libros con esas narraciones. El último, editado por la Secretaría de Cultura de Caldas, lo repartieron inclusive en el aeropuerto La Nubia, para que los viajeros lean en el aire lo que los chiquillos escriben en la tierra. Entre tanto, en su casa el profesor Carlos Ariel tuvo otro sueño, por el que algunos lo llamaron loco.
¿De dónde salió eso de 26 horas en Macondo?

Foto I Luis Fernando Trejos I LA PATRIA. El profe Carlos Ariel con la rectora, Delma Ospina.
El 4 de marzo del 2025 me soñé el reto 26 horas en Macondo. Le comenté a mi esposa, y ella me dijo, como otras personas: ´Te estás volviendo loco, ¿cómo se te ocurre que van a leer un libro en una sola sentada si usted se demoró como seis meses para leerlo´. Entonces, le respondí: "No, yo sé que podemos. Traje el proyecto al colegio. Con la rectora, Delma Ospina, y Diana Marcela Cardona lo discutimos. Les gustó y lo llevamos a cabo con la colaboración de los docentes, los padres y los estudiantes, que la metieron toda. Así mismo, el apoyo de empresas”.
Estirpes condenadas
La meta de leer Cien años de soledad, de una sola sentada, se logró entre las las 2:00 p.m. del viernes 25 de abril y las 4:06 a.m. del domingo 26 de abril del 2025. Las lágrimas se empezaron a asomar cuando Carlos Ariel, uno de los 39 lectores de la obra y ante unas 150 personas en el auditorio del San Pío X, pronunció el final del libro: “... porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra". Ahora, se alista para, quiza, lo que lleguen a calificar como otras de sus locuras, u otra de sus genialidades. Se trata de un viaje muy romántico por el río Magdalena hasta llegar a La Dorada con El amor en los tiempos del cólera, también de Gabo.
¿Qué sigue ahora?
Tenemos previsto leer derecho El amor en los tiempos del cólera. Ese reto literario será del viernes 24 al sábado 25 de abril, es posible que nos llevemos 28 horas, pues es un poco más largo que Cien años de soledad. Ya nos ha llamado mucha gente de varias partes del país que quieren conocer está propuesta, que caló en el Ministerio de Educación, que inclusive envió un delegado al primer reto el año pasado. Es un proyecto abierto a la comunidad de La Enea, de Manizales y de Colombia. Si alguna persona de alguna ciudad quiere venir al reto de El amor en los tiempos del cólera, bienvenido. También tenemos en mente el primer concurso de declamación para que vengan a Manizales los mejores declamadores de Colombia y promover en los niños de Manizales la importancia de la memoria en la pedagogía.
Cierre con distinción
El final de esta nota es con un reconocimiento para Carlos Ariel Quiceno: “Por su excelente desempeño en el ejercicio de la docencia, ha demostrado excepcionales condiciones de liderazgo, dedicación, idoneidad profesional y entrega efectiva a la formación cinetífica, social y ética de las nuevas generaciones”. Se lo dijo la Alcaldía en la entrega de la orden Eladia Mejía, el 3 de diciembre del 2025.

Foto I Cortesía para LA PATRIA. Carlos Ariel Quiceno Zuluaga recibió la orden Eladia Mejía, entregada por la Alcaldía de Manizales.
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