Sobre la adjudicación de contrato de Aerocafé
Conocida la decisión de la Unidad de Gestión de Patrimonio Autónomo de Aerocafé de adjudicar el contrato de construcción de la primera fase, el Consejo de Redacción de Caldas se permite plasmar algunas reflexiones que esperamos contribuyan a crear conciencia sobre la necesidad de tener suficiente información sobre el, hasta ahora, fallido proyecto.
No es momento de acudir a espejo retrovisor para revivir épocas aciagas que han entorpecido la iniciativa, ideada hace más de 40 años por el ingeniero Gustavo Robledo Isaza; por el contrario, se debe pensar que ya se han superado y que ahora, por fin, podrá salir adelante. Coincidimos con el criterio de diversos sectores de opinión en el sentido de que esta es la última oportunidad de hacer realidad este añejo sueño, para lo cual es menester aunar esfuerzos orientados a impedir que se repitan las equivocaciones y corruptelas del pasado.
Es imperativo ahora romper la imagen que se han formado en otras latitudes donde nos califican como una generación de ineptos y corruptos, incapaces de adelantar obras de esta envergadura. Se ha formalizado la adjudicación del contrato al Consorcio Aeropuerto del Café SK, proceso que contó con la participación de funcionarios del Gobierno nacional, delegados de las entidades de control, invitados especiales y vocero de la sociedad civil. Según voceros del Patrimonio Autónomo, el reinicio de los trabajos se dará en las primeras semanas del 2026.
Y paralelo a esta trascendental decisión, la Sociedad Caldense de Ingenieros Civiles se acaba de constituir en veedora especializada para vigilar de cerca el proceso de construcción de la primera fase de la terminal aérea. Es una posición de gran valor de ese gremio, conocedor de estas tareas al más alto nivel, lo que se convierte en un factor de tranquilidad y se suma a la veeduría ciudadana que se viene ejerciendo desde tiempo atrás. A estas acciones se espera el apoyo de otros gremios, la academia, y la sociedad civil.
De las dos firmas que hacen parte del Consorcio ganador de la licitación esperamos que pongan en alto el prestigio de la ingeniería colombiana y permitan, en los términos estipulados, contar con una obra clave para el desarrollo y bienestar social de miles de habitantes de la zona cafetera y el centro del país. Ante la inminente adjudicación del contrato de interventoría, esperamos que la firma seleccionada cumpla con las mejores condiciones que garanticen la transparencia en la ejecución de la obra.
Hacemos un llamado respetuoso a la dirigencia caldense para que cierre filas en favor de la ambiciosa obra y se logre recuperar el liderazgo de la región, que fue una de sus características en épocas anteriores. Es hora de deponer egos e intereses personales y políticos en bien del desarrollo económico y social de la región. Creemos que este nuevo modelo de conectividad con el resto de Colombia y el mundo generará alternativas de negocios que podrían darle solución a muchos de los problemas que gravitan sobre esta comarca cafetera.
Consejo de Redacción de Caldas (Fabio Arias, Ari; José Fernando Garcés; Yesid López; Duván Marín Martínez; Germán Mejía Gallo; Iván Darío Góez; Jairo Castro Eusse; Miguel Ángel Llano; Rubén Darío Sánchez).
Hay contradicciones que nos dejan perplejos: Violeta Parra, poeta chilena de reconocimiento en la literatura hispanoamericana, cantadora a la vida en su máxima expresión, escogió el suicidio como forma de finalizar su existencia. Nació hace 108 años, el 4 de octubre de 1917, en San Carlos (Chile). Su padre, Nicanor Parra, era profesor de música; su madre, Clarisa Sandoval, campesina aficionada al canto. El viejo Nicanor enseñó a cantar a todos sus hijos (nueve con Clarisa). Violeta acompañaba a su padre en el canto. A los 12 años compuso sus primeras canciones. Gran parte de su trabajo musical lo realizó con sus dos hijos: Isabel y Ángel. En 1952 se casó con Luis Cereceda y en 1954 contrajo matrimonio con Luis Arce.
Hermano de Violeta fue Nicanor Segundo Parra, quien nació en 1914. Su renombre en la literatura chilena es indiscutible. En 1977 publicó Sermones y prédicas del Cristo de Elqui, sobre un visionario que predicaba por las minas en el norte de Chile. En 1969 recibió el Premio Nacional de Literatura en Chile. En 1991 fue distinguido con el Premio Internacional Juan Rulfo, y en el 2001 ganó el Premio Cervantes. Suele mencionarse su nombre al lado de dos grandes poetas chilenos: Pablo Neruda y Gabriela Mistral.
Pero, hablando solo de Violeta Parra, digamos que en sus inicios cantó música española bajo el seudónimo de Violeta de mayo. Animada por su hermano Nicanor recorrió zonas rurales en función investigativa sobre el folclor chileno. Así descubrió la poesía y el canto campesino de diferentes regiones de su país y se convirtió en recuperadora de la cultura popular. Violeta Parra es autora de canciones, décimas y música instrumental. Además de poeta y folclorista fue pintora, escultora y ceramista. En 1954 recorrió la Unión Soviética y Europa. En Francia grabó cantos folclóricos originales. Santiago de Chile le abrió las puertas para exponer sus óleos en la Feria de Artes Plásticas al aire libre. Realizó una gira con sus hijos, invitada al Festival de Juventudes en Finlandia. Estuvo en Alemania, Italia y Francia. Permaneció tres años en París, donde participó en programas de radio y televisión, recitales en la Unesco y exposiciones de su obra plástica.
Violeta Parra es una de las artistas más relevantes de América Latina. Su composición Gracias a la vida, en versos de 12 sílabas, ha sido traducida y cantada en muchos idiomas. Otras canciones suyas son: Casamiento de negros (1955), Yo canto la diferencia (1961) y Una chilena en París’ (1965). En Francia grabó su primer disco con el sello discográfico Le Chant du Monde. En 1964 expuso su obra plástica en el Museo de Louvre.
El antropólogo y musicólogo Gilbert Favre, le inspiró amor y desamor. En esos años la cantautora compuso Corazón maldito, Gavilán, gavilán y Qué he sacado con quererte. Tal vez esas decepciones influyeron en el ánimo de la cantautora. Había manifestado a un periodista: “Me falta algo; no sé qué es. Lo busco y no lo encuentro. Seguramente no lo hallaré jamás”. También había expresado: “La muerte no es tan importante como la vida. La gente solo se asusta si no ha sembrado nada”. El 5 de febrero de 1967, en Santiago, Violeta Parra, quien había agradecido abiertamente a la vida, se disparó un tiro en la sien. Su legado artístico trasciende las fronteras de Latinoamérica.
José Alejandro Vanegas Mejía
Coherencia de papel y autonomía de trinchera
Habitar la Universidad Nacional en Manizales se ha convertido en un acto de resistencia frente a una realidad que se nos impone como un eco distorsionado del Nivel Central. No somos una isla, pero tampoco deberíamos ser el daño colateral de las convulsiones bogotanas. Lo que hoy presenciamos en la administración de la Sede trasciende la crisis burocrática; estamos ante la puesta en escena de un simulacro institucional, una narrativa en la que la coherencia ética ha sido vaciada de contenido para convertirse en un mero dispositivo retórico de supervivencia política.
La reciente coreografía de la Vicerrectoría de Sede ilustra esta fractura. La renuncia presentada ante la caída de la Rectoría del profesor Leopoldo Múnera, revestida de una supuesta dignidad política, se revela rápidamente como un acto performativo. Si la coherencia fuese una convicción ética y no una táctica de preservación del poder, no admitiría el reciclaje inmediato bajo una figura que representa la continuidad lineal -e ideológica- de la misma hegemonía cuya legalidad fue anulada por el Consejo de Estado. Nos encontramos ante una administración que simula rupturas para garantizar continuidades, atrapando a la Sede en un vaivén que responde a los cálculos electorales y no a las urgencias de nuestra comunidad.
Esta simulación se torna peligrosa cuando aterriza en la gestión del conflicto en el campus. Si bien el reto inicial de la saliente y entrante Vicerrectoría era recuperar la espacialidad de los edificios tomados en medio del paro que exigía la Rectoría del profesor Múnera, la administración optó por una “solución” que validó discursivamente la violencia; el problema no fue negociar, sino la naturaleza de esa negociación: la Vicerrectoría se sentó a pactar con “delegados de la toma”, una categoría política otorgada para garantizar el anonimato de quienes perpetraron el hurto y el daño al bien público de nuestra Sede.
Bajo las banderas de la “defensa democrática” de una Rectoría que posteriormente fue declarada nula, se tejió un manto de protección institucional sobre los victimarios. Al blindar sus identidades y elevarlos a interlocutores políticos sin exigir responsabilidades individuales, la administración no resolvió el conflicto; simplemente institucionalizó la impunidad. Las cifras son el testimonio material de este desastre ético: un detrimento patrimonial consolidado de más de $123 millones de pesos. Mientras se celebra la “recuperación” de los espacios, la administración admite, con una pasividad pasmosa, la ausencia de nuevos protocolos de seguridad, dejando instalada una certeza atroz: el bien público es un botín disponible para quien tenga la fuerza de tomarlo bajo la excusa ideológica correcta.
Y mientras el campus se fragiliza hacia adentro, la administración levanta muros de soberbia hacia afuera, distorsionando el concepto de autonomía hasta convertirlo en autarquía. La gestión de los recursos de la Estampilla Pro-universidad para las Aulas STEAM evidencia esta desconexión vital y el epítome de este cinismo administrativo. Estamos hablando de dineros sagrados, provenientes de impuestos ciudadanos con destinación específica, cuya ejecución reportada es irrisoria frente a los montos recaudados.
Frente al reclamo legítimo del Concejo de Manizales por la infraestructura y habilidades prometidas en la ciudad y el departamento, la Vicerrectoría opone una “interpretación semántica” conveniente, reduciendo el acuerdo de obras tangibles a “habilidades” abstractas, como si la retórica pudiera suplir la falta de equipos. La sentencia esgrimida por la hoy -de nuevo- vicerrectora en el Consejo de Sede, “la Universidad no marcha al son de los tambores que le tocan las entidades de afuera”, no es una defensa de la autonomía; es la confesión de un solipsismo peligroso. Esta postura fractura las relaciones fundamentales para el desarrollo académico y social de la Sede, demostrando que, para esta administración, la región es un cajero automático sin derecho a exigir los resultados esperados por el recaudo de los impuestos de sus ciudadanos.
Es imperativo deconstruir estos discursos. La Sede Manizales no puede seguir siendo el escenario de una coherencia de papel ni de una autonomía de trinchera. No podemos seguir siendo más este teatro de sombras donde la coherencia es una performance de renuncia y regreso, y la gestión pública un secreto de sumario. Necesitamos desmontar el simulacro para recuperar la dimensión ética de la gestión, donde los “delegados” no sean los artífices impunes del detrimento y donde la universidad se reconozca como parte vital, y no antagónica, del territorio que la habita.
Iveth Katherine Collazos Silva, representante de los profesores ante el Consejo de Sede Manizales de la Universidad Nacional.
Manizales, ciudad galardonada
Excelente que a nuestra bella Manizales le otorguen galardones y reconocimientos porque es un remanso de paz y de convivencia en medio de un país tan convulsionado como el nuestro, pero hay muchos detallitos que debemos corregir y he aquí algunos ejemplos. Está muy abandonada porque a los parques y sitios de recreación no se les trata como debe ser; es decir, no hay una entidad oficial a la que le duelan tales lugares. En segundo lugar y toca repetirlo, existiendo una empresa de aseo ultramillonaria, se ve en calles, parques y sitios como la Galería tanta acumulación de basuras que parecen sucursales del relleno sanitario. En tercer lugar, la incultura de quienes conducen automotores, porque se les ve cómo gozan cuando le tiran su moto o su carro a cualquier desprevenido transeúnte. Hay otros detalles que más adelante analizaremos, no sea que de pronto nos retiren los premios alcanzados y nos quedemos sin el pan y sin el queso como decían sabiamente nuestros abuelos.
Bernardo Molina Marulanda
Manizales tiene problemas como cualquier ciudad de la tierra. No es un oasis de amor como muchos aduladores pretenden hacernos creer para congraciarse con quienes venden solamente su imagen positiva, desconociendo luces y sombras. Sin embargo, posee encantadoras fortalezas que no se pueden desconocer. Sus paisajes verdes son los íconos de su propia historia. Sus montañas y laderas son símbolos de la grandeza de una raza, que orgullosa ha sabido superar horizontes que se esconden más allá de lo que nuestra visión alcanza a ver en lontananza; su Catedral, majestuosa, se levanta izando en las alturas la hidalguía de un pueblo que busca en el infinito la imagen de su Dios heredada de sus mayores.
La majestuosidad de sus montañas son el testimonio de su desarrollo cultural y la altura intelectual de algunos personajes que han llenado páginas históricas con sus ejecutorias, estampando sus nombres con letras de oro en el corazón de su ciudad natal. Su topografía arisca, circundada de riachuelos, es fiel fotografía de la generosidad y la pujanza de quienes tenemos el privilegio de ser sus habitantes. Su nevado es el señor de las alturas, el dragón blanco que cuida con esmero a la ciudad oteando desde la atalaya el disfrute de tener a sus pies la maravillosa “urbe” acariciando sueños de adolescente en procura de construir un futuro más próspero para todos.
Ciudad construida con la magia de la palabra y el ingenio creativo de nuestros antepasados, quienes con celo quisieron colocarla en una esquina del tiempo, zurcida con telarañas de amor, más cerca de las estrellas, dando gracias a su Creador por habernos regalado este nicho en las alturas celestiales donde sólo revolotean los cóndores como embajadores en las gélidas montañas con perennes neblinas y sabor a poesía. Una ciudad que superó la alpargata de nuestros antepasados para encumbrarse como la reina de los Andes, vistiéndose de gala para ser la invitada de honor de la intelectualidad. En fin, una ciudad en donde las mañanas madrugan a ver los paisajes naturales y embriagarse de amor con la gentileza espontánea de los manizaleños.
Elceario de J. Arias Aristizábal
Una lección todavía fresca del Once Caldas
Los deportes de competencia, sobre todo el fútbol, por ser el más popular y masivo de todos, cumplen importantes funciones sociales: refuerzan las identidades regionales y nacionales, generan oportunidades de recreación y empleo y se comportan como especie de cloacas o alcantarillados sociales a través de los cuales muchos individuos liberan lo peor de sus instintos agresivos, sin recibir por ello una sanción (más bien son celebrados y consiguen seguidores de su misma condición).
Admitir esta última función puede ser difícil, mas no para quien asiste al estadio y escucha miles de aficionados recordándole al árbitro, a un jugador o al técnico la supuesta e indigna profesión de su querida mamá; tampoco para los usuarios de redes sociales, donde con ortografías antes inimaginables se escriben los más denigrantes insultos.
Pero otra cosa es que desde un espacio deportivo radial se llame “vivazo”, “mediocre”, “lobo con piel de oveja” al adulto mayor que dirige al Once Caldas; esta vez como reacción a la decisión del propietario del equipo de ratificarlo en el cargo. Luego, injustamente, al D.T. lo obligan a responder en las ruedas de prensa las preguntas envenenadas de sus verdugos. ¿Olvidaron tan pronto que, comparativamente, Manizales tuvo este año una de las mayores asistencias promedio al estadio? ¿Por qué sería?
Probablemente, el irrespetuoso que lanza estos calificativos olvida que dos directivos muy bien intencionados (sus apellidos, creo, eran Vásquez y Ramos) montaron una lujosa plantilla para el Once Caldas, pero llegó el momento en que no había con qué pagarla. Hubo una reunión en el Fondo Cultural Cafetero donde se ventiló una situación tan crítica que llegué a preguntarme si sería de mal gusto ofrecer colaboración con un mercado u otra ayuda. Comentaban algunos asistentes que Juan Carlos Osorio prestaba dinero de su bolsillo a ciertos jugadores para facilitar su manutención.
Ese pequeño pero incisivo y nocivo núcleo del periodismo local que olvida esta lección de la historia del Once, y el sector de la afición que consume sus diatribas sin la debida digestión racional, se creen con el derecho a imponerle a los propietarios del equipo lo que sienten hacia su Director Técnico. Incluso, entre líneas, les advierten que los aficionados podrían tomar vías de hecho (¿invasión de cancha?), pero luego, en un dudoso acto de sensatez, opinan que esas vías deberían ser pacíficas.
Jorge O. López V.
Entrega de certificados en Hogar Crea
Para las familias y nosotros este es un momento de gloria cuando celebramos la extracción de los abismos sociales a un grupo de compañeros inmersos en la maraña de la droga. Acto sin estridencia, pero de un sublime contenido humano. Para Crea ha sido un año de tribulaciones que impregna a casi todo el sistema de salud, cuando por paradoja una sola decisión tomada desde lo alto, -no más costosa que tener un pueblo sano- pasando la UPC de 5.5 a 16 puntos que caerían como lluvia bienhechora, irrigando todos los niveles de atención como lo había logrado la Ley 100 con sus reglamentaciones llegando a una cobertura de 95% de la población colombiana, nivel alcanzado por primera vez en la historia. No obstante, la corriente del dinero fluye fácil para otros terrenos y propósitos.
Mientras tanto, persiste una deuda social inmensa, colas para medicamentos, cirugías y tratamientos ralentizados y las instituciones y personas soportando tarifas y salarios por debajo del costo, glosas injustificadas, tarifas empobrecedoras. El Hogar Crea quiere dejar constancia de su agradecimiento a las personas y organizaciones que con su aporte nos han permitido sobreaguar y a los colegios que con su mercadito mensual nos han permitido bajar costos. Nuestro sistema terapéutico Cognitivo Conductual se intensifica trabajando sobre las capacidades del carácter, apoyado sobre el piso de la humildad, actitud mental que reconoce las falencias humanas y acepta los correctivos. Investigamos los caminos del error, los conducimos por la senda de la honestidad, la ocupación, la dignidad, la estima personal.
Todos los familiares y nosotros continuaremos siendo la Red de Apoyo que los espera, la fortaleza que los acompaña ante los embates alucinantes de la droga que se presenta por doquier como son: el bazuco, la marihuana, el perico, la cocaína y más ahora el tussi y el fentanilo que se ofrecen en todos los ámbitos; somos el acicate para que el reeducado de ayer y de hoy pervivan sobrios en un marco de orden y disciplina. La visita frecuente al Hogar fortalece el carácter al contagiarse y sentir las bondades del ambiente terapéutico. A los compañeros víctimas del narcotráfico les recuerdo las palabras de Paye: “Dios ayuda a quienes se ayudan a sí mismos; obren como si todo dependiera de ustedes y recen como si todo dependiera de Dios.”
Jahir Giraldo Gonzáles M.D., miembro del comité Timón del Hogar Crea.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento al personal médico, terapeutas, enfermería y administrativo del SES Hospital Universitario de Caldas por la excelente atención brindada a mi hermano Oswaldo García Cuervo. Su profesionalismo, eficiencia y compromiso se complementan con una calidez humana que marca una gran diferencia en los momentos en que más se necesita. Gracias por su dedicación, por el trato amable y respetuoso, y por demostrar que la vocación de servicio y el cuidado al paciente siguen siendo el corazón de la Medicina. Mi reconocimiento y admiración para todo el equipo.
Rosa García Cuervo