Nada más lesivo para el Medio Oriente, tan golpeado por guerras y conflictos, que ninguna de las partes quiera ceder y más bien se mantengan en el interés de atacar al otro para imponerse, cuando la sociedad civil está sufriendo las consecuencias.
La geopolítica es frágil, y para comprender qué tanto está la guerra de Oriente Medio entre Israel, Estados Unidos e Irán. Cada uno con intereses, agendas políticas y económicas y visiones que empujan a sus líderes a legitimarse. Ninguno ha podido ponerse de acuerdo en un cese al fuego, mientras persisten los ataques iniciados por Israel el 28 de febrero de este 2026 con bombardeos en Irán, que respondió lanzando misiles contra bases militares estadounidenses y países del Golfo Pérsico, además de imponer restricciones al paso del petróleo por el estrecho de Ormúz, elevando en el mundo los precios de los combustibles.
A pesar de que el presidente de EE. UU., Donald Trump, tuvo en su escritorio un memorando de entendimiento para negociar un cese al fuego, parece hacer aguas porque Washington suspendió el intercambio de mensajes con Irán, además de sentir cómo decae la imagen de Trump por apoyar a Israel e imponer bloqueos a fondos iraníes. El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, pareciera no contenerse y continúa el plan de expandir los ataques a Irán para recuperar poder y territorios. Irán, representado desde Teherán por Mojtaba Jamenei, líder supremo del Gobierno, y por las milicias de Hezbolá en el Líbano, los hutíes en Yemen y proiraníes chiitas, repele estos ataques y como dueño del crudo mantiene las restricciones y busca contener la estrategia israelí con temidos desarrollos nucleares.
El estado de tensión se agudiza porque mientras Irán acusa a EE. UU., como amigo y aliado de Israel y asegura que la suspensión de las conversaciones será por un tiempo prolongado, Washington también denuncia ataques iraníes contra intereses norteamericanos y sus aliados regionales. Ni siquiera ha servido que Trump haya subido el tono con Netanyahu, que en una llamada le exigió no ejecutar un ataque contra Beirut después de la escalada sobre el Líbano. Sin embargo, el primer ministro se mantiene en su posición, tanto que analistas consideran que ve muy conveniente que continúe el caos.
Nada más lesivo para el Medio Oriente, tan golpeado por guerras y conflictos, que ninguna de las partes quiera ceder y más bien se mantengan en el interés de atacar al otro para imponerse, cuando la sociedad civil está sufriendo las consecuencias, no solo en muertos, heridos y destrucción, sino en el resto del mundo por los precios del petróleo y el gas. Lo riesgoso es que en cualquier momento podría venir la decisión de alguno de estos líderes de jugar con fuego y con sus armas más letales para imponerse y desatar una cadena de peligrosas reacciones. Dentro de la visión estratégica y táctica están las milicias de Hizbulá, que para Israel no estarían en un posible alto al fuego, pero para Irán sí tienen que ser eje de un acuerdo.
Hay muchísimo dinero en juego en esta guerra porque el trasfondo es el petróleo. No debería ser que buena parte del mundo esté en manos de tres fuerzas, deben existir otros canales diplomáticos y organismos internacionales que puedan mediar e intervenir para descongelar las relaciones de estos países y volver a encausar un cese real de las acciones bélicas.