Editoriales
10 Jun, 2026

Sin humo para restringir el vapeo

Lo delicado de este problema es que no existen estadísticas exactas que les muestren a las autoridades de salud y educativas el nivel de consumo.

Reconocimientos a los colegios y a las entidades públicas y privadas que están orientando a adolescentes y jóvenes sobre las nocivas consecuencias del uso de cigarrillos electrónicos o los mal llamados vapeadores. Lo que hacen es calentar líquidos para generar vapor e inhalarlo, y lo que se está aspirando son dañinas sustancias que ingresan al organismo, entre ellas nicotina, químicos, metales pesados, compuestos orgánicos, sustancias saborizantes, entre otras.
Es muy preocupante que el uso de los vapeadores ya sea el segundo hábito más común en la población escolar de Caldas, después del consumo de alcohol y marihuana, como lo señalamos en un informe de Salud. Nadie debería seguir creyendo que el vapeador es una ayuda para dejar de fumar; está comprobado que no es un producto inocuo, es altamente adictivo y es dañino para el sistema respiratorio y cardiovascular y la salud mental. Hay mayor riesgo de infecciones pulmonares y cáncer de pulmón, afecciones en la garganta, problemas de presión arterial. También genera ansiedad, dependencia, cambios de humor y depresión al ser una sustancia psicoactiva.
Lo delicado de este problema es que no existen estadísticas exactas que les muestren a las autoridades de salud y educativas el nivel de consumo de vapeadores en los entornos escolares en Manizales ni en Caldas, que les permitan tomar decisiones y contrarrestar este uso. Además de que los fabricantes y distribuidores han llegado a sofisticadas presentaciones para engañar a padres de familia, educadores y autoridades. Se pueden encontrar vapeadores que semejan lápices, lapiceros y otros elementos de uso escolar; también en presentaciones tecnológicas que incluyen otros servicios, y con sabores que encubren el contenido real, pero saben atraer poderosamente la atención de los escolares.
Desde el 6 de marzo del 2024 se aprobó en el país la Ley 2354 o de Vapeadores y Cigarrillos Electrónicos Regulados, pero es muy lamentable que dos años y tres meses después el consumo siga al menos igual, aunque por lo que se observa en espacios públicos se puede asegurar que va en un aumento indiscriminado y nadie lo controla. En cuestión de pocos años va a empezar a mostrar mayores secuelas que el consumo de tabaco. Esta ley obliga a tener que advertir en los empaques los efectos nocivos de los vapeadores; restringir su publicidad, promoción y patrocinio en medios de comunicación; hacer controles estrictos para su comercialización, y desaparecer de espacios públicos abiertos y cerrados.

Si eso se estuviese aplicando, no tendríamos la incidencia de consumo en niños de 8 años en Manizales que reconocen haberlo probado y que lo usan. ¿Qué puede ser de un menor de edad en menos de 10 años si continúa en ello? Más allá de un simple humo con olores estrambóticos, que inicialmente tranquiliza, pero va generando fuerte adicción como lo han referido expertos y desesperados usuarios, está prácticamente un veneno. Se requiere más vigilancia y mayor control al comercio. Lo grave también es que su consumo se masificó entre los adultos, que deben ser los primeros responsables del control entre los menores de edad. Lo que está prevaleciendo en el consumo de vapeadores es una amplia laxitud.