Chinchiná sabe lo que es un conflicto que termina en muerte. El 9 de diciembre de 1998, el Esmad disuadía un bloqueo de quienes llevaban desde el 4 de diciembre protestando contra la ubicación de peajes de la concesión Autopistas del Café en La Siria y Pavas, Adriana del Pilar Hincapié, de 20 años, murió al recibir un impacto de bala mientras se encontraba asomada en una ventana de su casa observando estos desórdenes. El 8 de junio de 1999 una turba enardecida que protestaba con piedras contra la Alcaldía debido al desalojo de 238 familias de un terreno de un privado, terminó en el ataque de Jorge Evelio Cardona, zapatero de unos 50 años que trató de frenar la manifestación. Linchado y aún así apuñalado por encapuchados, a pesar de la presencia de la Policía, murió por estos ataques.
La confrontación y polarización que se ha desatado en este municipio, también por la permanencia de los peajes de Autopistas del Café, revivió agresiones entre manifestantes y críticos de los bloqueos en Tarapacá II. Un enfrentamiento bastante agresivo por redes sociales y en espacios públicos entre un líder y un abogado terminó en demanda cuyo fallo exige rectificar la información publicada, mientras la contraparte se niega a hacerlo porque asegura que sufre persecución. Esto se ha dado en medio de denuncias por amenazas e intimidaciones que incluso han llegado hasta contra los concejales del municipio.
Es deber de los pobladores conservar la convivencia ciudadana a pesar de las diferencias ideológicas, políticas y sociales, actuar conforme a las normas y denunciar ante las instancias competentes cuando se tengan motivos y pruebas de hechos sucedidos. Las autoridades locales y también las departamentales tienen responsabilidad en estas situaciones, porque poseen las facultades para aplicar el orden y contener cualquier hecho de violencia que se presente basados en la ley. Los líderes, de cualquier lado que sean, incluso de la oposición, no están exentos de llevar a las comunidades acciones que busquen apaciguar los ánimos, no que los alteren e incite a las personas a actuar con violencia contra otros por el solo hecho de estar en un bando contrario.
Lo que se viene presentando en Chinchiná es bastante delicado y se podría salir fácilmente de las manos si no se le pone freno. Nuestro llamado también es al alcalde, Carlos Alberto Riveros, para que en su investidura como primer mandatario llame a la reconciliación y ejecute acciones que promuevan el diálogo y las sanas conversaciones a cambio de la violencia, mucho más en un ambiente tan caldeado como el que se vive en este municipio al que otros siguen viendo como escenario ideal para mantener las confrontaciones, que es lo que no se puede permitir.
La prosperidad y las oportunidades que siguen existiendo en Chinchiná no se pueden dejar opacar por cuenta de unos pocos, mucho menos por intereses políticos dañinos. No se trata de negar ni de ocultar la expresión de posturas en contra de algo e incluso de alguien, son parte de lo que permiten los derechos ciudadanos a través de la Constitución, pero esto se puede hacer en términos pacíficos y sin dejar que llegue a extremos y termine de nuevo con víctimas mortales. Chinchiná sabe bien de eso.
Editoriales
13 Jun, 2026
Mantener la cordura
Lo que se viene presentando en Chinchiná es bastante delicado y se podría salir fácilmente de las manos si no se le pone freno.