16 May, 2026

Más allá del blanco… y negro

Desde el profundo respeto quiero invitarlos a votar por quien representa estas cualidades, a que se den la oportunidad de multiplicar la causa.

Eran comienzos de los 90. Tendría siete años. Alexánder, un primo a quien amo, me invitaba a ver al Once Caldas. Había que llegar a la avenida Kevin Ángel, subir una trocha y entonces sí, el estadio nos esperaba: gorriones era la entrada.
La primera vez fue una experiencia hermosa. Conseguí un banderín y fue amor inmediato. Era un equipo pequeño, sí, pero era el de la tierra, con el que me identificaba. No me importaba que no fuera puntero, para mí era el mejor.
Llegué emocionado a la escuela. Recibí burlas. La mayoría venía de los más grandes, hinchas de Nacional y del América, los equipos “ganadores”, los de moda. Ser del Once, incluso en Manizales, no era del todo normal.
Sin saberlo, allí empezó algo más profundo que una afición. Creo que ese amor por el Once terminó reflejando buena parte de la manera en que se desarrolló mi pensamiento: no dejarme arrastrar por las modas, no sentirme menos por no estar del lado del supuesto ganador, no asumir que la mayoría siempre tiene la razón. Quizás también allí comenzó la forma en que entiendo la política.
Porque también hoy recibo comentarios de todo tipo por no estar con las candidaturas que encabezan encuestas. Y mi respuesta sigue siendo igual: me mueven convicciones. Me mueve aquello en lo que creo, aquello con lo que me siento tranquilo. No me interesa caer en esa trivialización casi caricaturesca que reduce todo a blanco o negro, a señalar de “tibio” al que no está con ellos, a construir caudillos, a fabricar mesías.
No hablo desde la fe ciega, lo hago desde la esperanza. Desde creer que un país diferente sí es posible, un país donde se respeten unas bases de convivencia democrática y, a partir de allí, se pueda avanzar hacia cambios profundos. Un país donde se entienda que existe la separación de poderes, que hay organismos de control, que no hay que entrar en la demencia de una constituyente y sí desarrollar el Estado Social de Derecho. Un país que tenga un presidente capaz de unir y no de romper, de tender puentes y no de crear campos de guerra, que entienda que no se gobierna desde X, que los cargos deben ocuparse por mérito y no por fanatismos, que gobernar implica trabajar en equipo. Necesitamos superar la página de corrupción que se cometió en nombre del “cambio”, pero también aquella que vimos en gobiernos anteriores con discursos distintos y prácticas similares.
Necesitamos un país donde la educación sea el centro, amalgamada a un aparato productivo nacional que genere riqueza, empresas fuertes y empleo digno, no una ficción laboral precarizada y parasitaria que infla cifras estatales mientras condena a millones a la informalidad o a las OPS.
Se requiere un presidente que hable con la verdad, que tenga experiencia en gobernar bien, que sea riguroso en el análisis y entienda que la paz empieza por el desarme de los espíritus, por aprender a tramitar las diferencias sin odio.
Desde el profundo respeto quiero invitarlos a votar por quien representa estas cualidades, a que se den la oportunidad de multiplicar la causa, los invito a votar por Sergio Fajardo, el matemático: el que suma.
Ah, y unos años después el Once fue campeón de la Copa Libertadores.