31 May, 2026

Eladia y Eladiós

Es el país de las paradojas crueles. Mientras la profe Eladia Mejía dedicó su vida a abrir escuelas.

El viaje comenzaba en la Galería de Salamina, donde se tomaba el jeep rumbo a La Merced para cruzar el río Chamberí, cuyo puente marcaba el inicio del ascenso por caminos veredales hacia La Chócola, Guayabal y La Loma. Entre curvas estrechas y cafetales aparecía la Institución Educativa Eladia Mejía. Hasta allí llegaban cada día maestros y estudiantes, muchas veces enfrentando el barro, las largas distancias y las dificultades del camino, movidos por la convicción de enseñar y aprender.
Allí se formaron muchas generaciones. La comunidad educativa creó una identidad propia que los hacía únicos, que los hacía sentir arraigo, y llevaban el sello en la piel del alma. El nombre del colegio hacía referencia a una maestra visionaria y humanista nacida en Támesis, Antioquia, en 1881, y fallecida en Manizales en 1965, que dedicó su vida a llevar educación y esperanza a las comunidades rurales más olvidadas de Colombia y Centroamérica y que desde muy joven entendió que enseñar iba más allá de alfabetizar: significaba dignificar, alimentar a los niños, unir a los campesinos y sembrar valores de trabajo colectivo y servicio. Con valentía y liderazgo logró fundar más de 140 escuelas, movilizando comunidades enteras. Su legado trascendió fronteras, convirtiéndose en símbolo de compromiso social y amor por la Educación.
Sandra, una profe que llegó allí en el 2005, narra de la siguiente manera lo que se vivía en el colegio: “Lo más bonito era la unión y el compromiso del talento humano puesto al servicio de la comunidad. El trabajo en equipo era una gran fortaleza, antes y después de la pandemia se impulsó el cuidado y conservación de la salud mental de cada miembro de la comunidad educativa”. Anota: “Fui muy feliz al recorrer cada vereda, dialogar con los diferentes miembros y soñar con mejores oportunidades para nuestros niños y jóvenes”, testimonio que se repite en otras muchas personas que tuvieron la oportunidad de estar allí.
Pero no hay felicidad completa. En medio del sigilo del cazador, la Secretaría de Educación de Caldas, por Resolución 6169-6 del 30 de noviembre de 2023, procedió a “fusionar” la Institución Educativa Eladia Mejía con la Institución Educativa El Perro, eufemismo con el que cierran colegios, con el que desaparecen la historia, con el que borran la memoria. No valió suplica, no valió el clamor de líderes de la comunidad educativa, no valió nada. La tecnocracia local borró de un plumazo toda una tradición. Fue el fin. La Eladia corrió la misma suerte de miles de establecimientos educativos que en Colombia mueren año a año contaminados por el veneno normativo y por personas que lo aplican en dosis mayores para que sea más letal. Y ninguno de los últimos gobiernos, incluido el actual, ha querido ser antídoto.
Es el país de las paradojas crueles. Mientras la profe Eladia Mejía dedicó su vida a abrir escuelas, la política educativa se acostumbró a cerrarlas, no importando el nombre, así sea el de ella misma: fue Eladia y eladiós.
Trazo aparte.
La distinción al mejor maestro de Manizales se llama Eladia Mejía, más que merecido para ella y para ellos. Para mis colegas siempre un homenaje, el pasado 15 de mayo fue el Día del Maestro, siempre será grató reconocer a los que lo dan todo por la Educación.