Este 8 de marzo, a la vuelta de la esquina, serán las elecciones a Congreso y consultas presidenciales. La campaña está en su recta final y la forma como ha transcurrido todo, desde que los aspirantes y sus partidos levaron anclas hasta estos días nos da mucha información de nuestra política y políticos.

Nuestra política parece tener dos componentes básicos: un negocio para los políticos y una representación de posturas ideológicas, y ambas se entremezclan, lo que crea tremenda confusión. Son 3.231 candidatos al Congreso, de los cuales se puede decir sin problema que unos 3.000 son mercenarios de la política, cuyo interés fundamental es la adquisición de poder, estatus, privilegios, y negocios para hacerse ricos y poder perpetuar su posición privilegiada.

La migración de candidatos de un partido a otro es algo masivo, impensable hace un tiempo, así como las más variadas y forzadas alianzas de partidos. Es un revoltijo indecente y revelador, como impresentables son miles de candidatos, que con solo exponer algunas de sus ideas evidencian su muy precaria preparación y formación para el oficio que van a desempeñar. Y ni hablar de sus antecedentes.

En cuanto a ideología, al Congreso llegarán dos posturas definidas -derecha e izquierda duras-, representadas en el Centro Democrático y Salvación Nacional por un lado y el Pacto Histórico y sus aliados por el otro. Cada sector conquistará aproximadamente un 20% en cada cámara, por lo cual el 60% restante estará en manos de racimos de mercenarios, pero que no están ligados a posturas ideológicas extremas. Y aquí está la paradoja: estos congresistas, que no están matriculados en las religiones que son las antípodas de derecha e izquierda fanáticas, serán el fiel de la balanza y podrán salvaguardar la institucionalidad y la razón en momentos definitivos, como lo han hecho en el Gobierno de Petro.

Obviamente, este sector de “emprendedores políticos” será comprado al inicio por el ejecutivo, independiente de quién sea el presidente, y ellos harán mayoría con cualquier extremo que les garantice puestos y contratos. Pero no todo el tiempo, pues los congresistas saben que apuestas de un presidente fanático o delirante puede pasarles cuenta de cobro en el futuro, y ellos apuestan a mediano y largo plazo.

En cuanto a las consultas presidenciales, ojalá puedan modificar la tendencia actual de preferencia de candidatos, pues sería muy desafortunado para el país tener que escoger entre Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda, ambos incapaces de ver y leer la tremenda diversidad de la realidad colombiana, y ambos cruzados de causas que pueden convertirse en delirios. Si Roy Barreras obtiene una votación en su consulta que supere dos millones de votos, pone en problemas a Cepeda. Y si la consulta de centro-derecha saca una muy buena votación, de la Espriella vería tambalear su pedestal.

En medio de todo, de reproches válidos a Roy y los candidatos de la centroderecha, que sus respectivas consultas salgan adelante sería una muy buena noticia. En el centro no ocurrirá nada de importancia, y es un pesar, pues el momento del país requiere una mezcla de sensatez y sensibilidad, características que juntas se encuentran en el espectro de centro.

***

Al poco tiempo de descubrir la Salsa, hace 40 años, con mucho gozo escuchaba la canción “Bohemía” de Willie Colón. Otro grande que parte.