El tema de las instituciones por lo general es soso, aburrido y poco concreto, gaseoso. Atrae mucho más estar pendientes de nombres, de políticos y gobernantes, de polémicas y escándalos. La reflexión sobre las instituciones es ajena y lejana y se le deja a juristas, politólogos y a todos los analistas posibles, que son demasiados y muchas veces también aburridos. Pero en ciertos períodos las instituciones toman mayor relevancia para la opinión y los ciudadanos, es como si se despertaran y se manifestaran ante todos. De alguna manera las instituciones son como los árbitros en un partido de fútbol, que si todo va bien ni se sienten ni se ven, pero en ciertos y precisos momentos toman preponderancia y protagonismo con decisiones fundamentales para el partido.
En concreto las instituciones son todas las organizaciones del Estado, que configuran una inmensa red, y que orientan y regulan la vida en sociedad. Operan siguiendo normas preestablecidas y lo más importante, a través de personas que toman decisiones. Un punto muy importante es que en lo que se llama ‘el diseño institucional’ se procura que no haya una organización del Estado que detente un poder desmedido y que la distribución de las decisiones sea equilibrada. A su vez, unas organizaciones estatales tienen la capacidad de controlar el poder de otras.
La constitución es la máxima expresión del diseño institucional, es un libro que define al Estado y regula sus funciones, así como los derechos de las personas. Por fortuna nuestra Constitución de 1991 es equilibrada y cuenta con las herramientas para evitar desafueros de gobernantes, otros actores estatales y de los mismos ciudadanos. En tiempos de presidentes impetuosos y briosos, que han querido acumular más poder de la cuenta, la Constitución a través de sus disposiciones y organismos ha frenado esos impulsos autoritarios.
Cuando Uribe quiso tener un tercer período presidencial, la Corte Constitucional se lo impidió en aras de conservar una sana distribución de poderes en el Estado y preservar el espíritu democrático de la nación. En el Gobierno Petro las instituciones han estado activas y alertas, evitando los desafueros y abusos de poder del presidente. Las cortes y el Congreso han sido los diques que han contenido los ímpetus autoritarios e irresponsables del mandatario.
La Corte Constitucional; el Consejo de Estado; la Corte Suprema de Justicia; el Banco de la República y su Junta; el Congreso de la República; la Registraduría; la Contraloría; la Procuraduría; la Fiscalía; la Defensoría del Pueblo; todo el sistema judicial en su conjunto; los alcaldes y gobernadores; concejos y asambleas; unas Fuerzas Armadas y de Seguridad profesionales ajenas a la política, y en general todas las figuras que dispone la Constitución para balancear y contener poderes, son el tejido institucional que constituye la salvaguardia ante un presidente que tenga intenciones o tentaciones autoritarias.
Tanto Abelardo como Cepeda, cualquiera que sea presidente, puede moverse a tendencias autoritarias y dañinas para ese balance institucional. Ambos creen tener la verdad revelada y ambos desconocen por lo menos a la mitad de la población. A su vez los seguidores más radicales de uno y otro aúpan, ven con buenos ojos, posibles deslices autoritarios de la derecha radical o la izquierda dura. Entonces ahí es que deben estar las instituciones, activas para evitar las inundaciones totalitarias.
Las instituciones deben ser nuestras heroínas y nuestra tranquilidad.