Abelardo de la Espriella es ciudadano italiano, también de los Estados Unidos, y para su desgracia colombiano, bueno, ahora para su fortuna, pues quiere ser presidente de nuestro país. Con mucha frecuencia ha demostrado desdén y hasta desprecio por lo que significa ser colombiano, por lo popular, por lo que no representa ser rico y poderoso. Su vida fastuosa y presuntuosa en Miami y Florencia, su ostentación de lujo, moda de alta costura, bebidas y comidas exquisitas son una indicación clara de su escala de valores y su ambición desmedida. Pero Abelardo no pasa de ser un arribista al que se le filtran entre las costuras de sus apretados vestidos su ordinariez y su codicia.
Abelardo decía hasta hace poco tiempo que era ateo, pero ahora es ferviente creyente denominándose cristiano ecuménico, es decir abarcando al catolicismo y las diferentes congregaciones cristianas, pues recogiendo todas las iglesias hay más votos. Se declara converso como Pablo de Tarso, y esto sí que les gusta a los cristianos. También denostaba de la comida colombiana afirmando que el ajiaco era un potaje insufrible, que lo suyo era la comida italiana, las pastas. ¿Será que rechazará en sus giras de campaña esta sopa sabanera, chicharrones, bandejas paisas, tamales, sancochos y demás viandas nacionales?
Abelardo quisiera haber sido un noble de la Italia renacentista: Conde de Lombardía, Duque de Milán, Signare de Florencia. Pero como le tocó ser colombiano, lo único que le sirve es ser presidente de la República, así eso implique la desgracia para todo un país.
Abelardo se presenta como un sólido jurista, pero respetados y reconocidos abogados ponen en entredicho su estructura de pensamiento en el Derecho, así como sus prácticas. También quiere aparecer como muy exitoso empresario, pero trabajos periodísticos serios muestran que todo es un cascarón. Y ahora en su rol de candidato quiere posar del outsider impoluto que rechaza a los políticos tradicionales, pero lo hace porque estos no lo están apoyando y están haciendo fila en su mayoría para entrar a la campaña de Paloma Valencia y algunos donde Iván Cepeda.
Sus propuestas de gobierno son populismo de extrema derecha, apelando repetidamente y hasta el cansancio al patrioterismo. Habla de drástica reducción del Estado - n 40%, emprendimiento sin trabas de regulaciones, educación no ideologizada con ‘amor por la patria’ y formación en civismo, ampliación de la frontera agrícola ¿A lo Bolsonaro?, baja de impuestos y tarifas de servicios públicos, patriotismo constitucional ¿qué significa esto?, mano muy dura en seguridad con 10 megacárceles, multiplicar por 10 el presupuesto para ciencia y tecnología, subsidios para las mujeres cuidadoras, tercera edad y mujeres cabeza de familia, y remata con un política de bienestar para mascotas y una cruzada para rescatar la civilización occidental. A pesar de no gustarle al propio Abelardo la comida nacional, su propuesta programática es un sancocho de muy difícil cocción y de altísimos riesgos para esa patria por la cual dice es capaz de inmolarse.
Es curioso, pero como dice el manido dicho, los extremos se parecen: Abelardo termina pareciéndose a Petro.
El ciudadano de derecha no está compelido, obligado, a votar por el abogado italiano, tiene una mejor opción en Paloma Valencia para vencer a Iván Cepeda.
08 Abr, 2026
Abelardo el italiano
El ciudadano de derecha no está compelido, obligado, a votar por el abogado italiano, tiene una mejor opción en Paloma Valencia para vencer a Iván Cepeda.