Era sencillo establecer el inicio de responsabilidades públicas plenas de los jóvenes. Antes de la igualdad de género, en el siglo pasado solo los varones mayores las ejercían y básicamente se referían a votar y elegirse, a la libertad para consumir alcohol, para tributar, contraer matrimonio y comprometerse en otros actos jurídicos. Las mujeres obtuvieron su mayoría de edad con posterioridad y la edad para contraer era menor que la de los varones. El voto femenino fue una lucha centenaria. Ellas y los jóvenes se consideraban incapaces.
Los católicos establecen el uso de razón a los siete, cuando puede hacer confesión y recibir la comunión un creyente consciente de la decisión de entrar en la grey. Nadie cuerdo autorizaría un celular permanente a los siete, ni para hablar con Dios. 
La responsabilidad penal se ha mantenido cercana a la edad apta para elegir y ser elegido. Se consideró ideal a los veintiuno, hasta hace poco, con rebaja a los dieciocho en casi todos los países donde hay elecciones y movimiento reciente a los dieciséis en Alemania. Nadie querría voto o juicio penal a los veintiuno de nuevo.Cuando se popularizaron celular, internet y redes empezando este siglo, el debate sobre la edad para usarlos estuvo ausente. Se dio entrado el XXI cuando se observó la masiva e irreprimible avidez de los jóvenes por estas herramientas. 
Se volvió crucial en las políticas públicas al generar adicción y riesgos graves para la integridad mental, sexual, física y económica de los nuevos usuarios y de sus grupos familiares, éstos cada vez más pequeños y desarticulados.
Los límites están conectados: los jóvenes saben más que hace 30 años, sobre más asuntos y son más autónomos, o por lo menos así lo creen, lo que ha traído una temprana exposición al delito y acceso a armas, drogas, redes oscuras, dinero fácil y guetos lábiles frente a la ética, la ley y el orden social. De ello se desprende también un gran desprecio por el estado, por la política, por la conversación abierta y por la asunción de responsabilidades colectivas. Los jóvenes delinquen más y más temprano, participan menos en política electoral y quieren estar en el ciberuniverso y con sus grupillos retales, más rápidamente. 
Pregunta: ¿Es conveniente para la cohesión y el progreso sociales una tardía participación en política y en redes, acompañada de una temprana responsabilidad penal? ¿Si delinque como adulto se le juzga como adulto? ¿Autorizamos la participación a la misma edad en política electoral, responsabilidad penal y ciberespacio? ¿Discutimos una mezcla?
Los jóvenes dirían: “Quiero mi celular, con datos, ya. El resto, ¡ustedes verán!”. Pueden vivir sin votar siendo responsables más temprano ante la ley penal, pero parecen no poder existir, desde la cuna, sin celular. 
Hay que estudiar la conexión de esos factores y legislar en sana consecuencia, protegiendo jóvenes e intereses colectivos. Lástima que nuestros políticos estén tan lejos de estas preocupaciones existenciales.