10 Abr, 2026

Agendas

Si se mantienen, es porque Trump supone que se habrá consolidado la frágil tregua en Irán, vendiéndose difícilmente como ganador con combustibles.

Con la hipercomunicación, el tiempo y especialmente los eventos que lo ocupan, cobran especial importancia. No escapan los poderosos, ni las guerras. El mundo tiene ansiedad por frentes abiertos en Medio Oriente, Europa Central, África y fronteras cruciales en Asia. También por potenciales conflictos militares en el Pacífico, Ártico y Caribe. Todos tienen una conexión estructural con los tiempos, agendas y resultados de cada política doméstica.
La salud electoral de Modi en la India y de Lai en Taiwán, dependen de la tensión en ascenso o descenso con China y Pakistán, protagonistas de la tregua en Ormuz.
Los cambios de régimen en Venezuela, Irán, y Cuba dependen de la fortaleza de Trump y sus mayorías, a prueba dentro de siete meses, y con ellas el presupuesto, la inmigración y los proyectos faraónicos del presidente. Serán incertidumbre y caos hasta noviembre, mayores más allá.
A Putin no le preocupa su estabilidad. Ganó las presidenciales en el 2024 con casi el 90% de los votos. Tiene el 50% del parlamento que se renovará en septiembre con un sistema de repartición garante de la supremacía del partido Rusia Unida. La permanencia de la invasión a Ucrania parece asegurada mientras esté al rojo Oriente Medio, dependiendo por ahora del antojo de Putin, no de su estabilidad. Su círculo próximo está fatigado.
China vive tensiones domésticas por la remoción profunda de la cúpula militar. Los generales desaparecen frecuentemente y pocos regresan de las sombras. Las acusaciones a militares sobre traición al PCCH y corrupción, son aprovechadas por Xi para amarrarse omnímodamente como jefe del partido y del estado. Las tensiones internas suben, baja la presión sobre Taiwán: la invasión esperará aguas más tranquilas.
La carismática primera ministra japonesa pudo timonear bien sus primeras elecciones, pero mantiene preocupación por una relación turbulenta con China y con los EE. UU. En visita a la Oval, Trump le recordó la “capacidad de sorpresa de Japón” en el ataque a Pearl Harbor hace más de ocho décadas.
La agenda en curso de Trump en Líbano, Gaza, Irán, Cuba y Venezuela tiene dos hitos próximos importantes:
El lanzamiento oficial de la campaña legislativa, el 17 de este mes, en un acto del “Turning Point USA” en Phoenix para conmemorar el asesinato de su ultraconservador fundador Charlie Kirk, proruso y antimigrantes, con presencia de Trump quien dará parte, de cara a noviembre, sobre los asuntos pendientes afuera y adentro. Y la nueva cita con Xi Jinping del 14 de mayo, remplazando una cancelada “por la guerra en Irán”. Si se mantienen, es porque Trump supone que se habrá consolidado la frágil tregua en Irán, vendiéndose difícilmente como ganador con combustibles a la baja y sin bomba A del enemigo. A Xi le debe la tregua; pagará con comercio.
De no aplazarse esos eventos, Trump lucirá para la campaña legislativa una reluciente aura de triunfo, real o no, esbozando un impreciso legado que quiere obsesivamente equiparar con el de Teodoro Roosevelt.