¿Cuándo se releen los recortes de periódico? En las brigadas de limpieza de la casa familiar, respondiendo a la pregunta: ¿Para qué querrá mi abuelo este papelerío? Y con la muerte del pariente: ¿Vamos a botar así estas cajas o quieren revisar cosa por cosa?
Cayó a mis manos un recorte de los muchos que guardaba mi madre, del martes 16 de abril de 1996, hace treinta años, en El Tiempo, recogiendo declaraciones mías como presidente de la Andi al otro día de posesionarme: “La economía colombiana tiene síntomas claros de desaceleración, alimentados por la crisis política”, rezaba. “El primer problema que tienen los empresarios es la incertidumbre” y agregaba: “Esa palabra ha remplazado los temores de la apertura, la inflación o las tasas de interés”. Solucionar la crisis política en el menor tiempo posible era la salida. “La rapidez en la toma de decisiones, dentro del marco institucional, es lo único que vence a la incertidumbre”.
Eran los tiempos de Ernesto Samper, en los que la infiltración del narco sacudió institucionalidad, economía y política exterior. Retrocedimos en seguridad. No había con qué comprar las botas para los soldados, que eran secuestrados masivamente. Los policías eran asesinados por los mafiosos. Los EE. UU. nos descertificaron y caminamos hacia la calidad de parias. El Congreso y la justicia se debatían entre la amenaza y el soborno. La Fiscalía entre la fama y la ley. En medio de la catástrofe, el Gobierno se vestía de falso progresismo, de proyectos populistas de infraestructura y de desbordado gasto y endeudamiento que le permitiera sobrevivir a pesar de la presión para que el presidente renunciara. La sociedad, polarizada.
¿Qué hay hoy? Una polarización que alimentan Gobierno y oposición. Una política exterior fracasada con Venezuela, con los EE. UU., Israel y Ecuador; tampoco avanzamos con China, la U.E. el resto de Asia o Latinoamérica. La corrupción está en su apogeo. La estabilidad fiscal, amenazada de muerte. El uso responsable de los recursos naturales, olvidado. El empleo en la informalidad. La inflación al alza y las tasas ídem. La Fuerza Pública desvencijada y la inseguridad rampante. El crimen organizado y el Eln, ufanos en medio de la larga agonía de la paz total.
En treinta años el país creció, se diversificó, desmovilizó la guerrilla más antigua del mundo, disminuyó la pobreza, la justicia y el Congreso hicieron contrapeso y se probó exitosamente el sistema electoral. Pero nuestra política sigue generando incertidumbre porque es retórica, no eficaz. Es ladronería, no soluciones. Es ideología ramplona, no aplicación de nuevas ideas a viejos y nuevos problemas.
Hay que pasar del discurso a la gerencia; de la corrupción, a la honestidad; del egoísmo, al servicio público; y de los expresidentes, a nuevos líderes. El remedio nunca ha estado en los extremos, siempre refugio para quienes esconden en ellos su mala fe o incapacidad.
En el centro pragmático, tal vez con el fresco y abierto liderazgo de una mujer, podría estar la clave.
08 May, 2026
Crisis política recurrente
Hay que pasar del discurso a la gerencia; de la corrupción, a la honestidad; del egoísmo, al servicio público; y de los expresidentes, a nuevos líderes.