Un tipo de naturaleza agria comienza el día mirándose al espejo y diciéndole a la imagen que tiene al frente: -Usted, ¿qué me mira? También se dice que la hiena suelta carcajadas parecidas a las de los humanos, no se aparea sino una vez al año y se alimenta de cadáveres descompuestos y excrementos. Alguien pregunta: - Si ese animal no retoza con la hembra, sino cada año y se alimenta de porquerías, ¿de qué se ríe?
Haciéndole el quite a circunstancias difíciles, inclusive dolorosas, las personas simpáticas, cuya naturaleza emocional y nobleza de carácter son inalterables, las asumen sin dramatismo ni reacción revanchista. Más bien, frente a los hechos, encuentran algún elemento para sustentar la búsqueda racional de soluciones y toman las evidencias con escepticismo matizado de buen humor. De ahí la producción de caricaturistas y humoristas, que sacan sonrisas hasta de las tragedias, como una manera amable de aceptarlas, aunque enfrentarlas con un gracejo y un comentario simpático no sea solución, pero si atenuante.
“Llore… llore, así se desahoga”, le gritaba un hombre desde el puente del barco al pasajero que se había caído al mar y chapoteaba en el agua, desesperado, esperando el rescate. La anécdota, dotada del ingrediente de solución absurda, se parece a las convocatorias que hace el Gobierno populista a marchas para buscar respaldo a las discrepancias que tiene con el Congreso y las altas cortes, que no conducen a nada distinto de gastos inoficiosos, caos en la movilidad de las ciudades y el desarraigo de comunidades humildes (campesinos e indígenas), que se desplazan seducidas por bicocas para apoyar causas que no entienden y regresar a sus lugares de origen con las manos vacías. O quedarse asentadas en las ciudades en condiciones precarias, que tienen que solventar las autoridades locales por razones humanitarias y para no afectar el bienestar de sus comunidades.
El turista se preparaba para una cabalgata y se había montado en el caballo de cara al anca. Un sujeto le dijo: -Señor, está montado al revés. Y el jinete replicó: -Usted no sabe para dónde voy yo. Gobiernos que presumen de innovadores se montan en el poder mirando a las posaderas de la historia ideológica, para imponer regímenes que fracasaron estruendosamente en otros países, presentándolos con nuevos títulos, como “socialismo del siglo XXI”.
Esta idea, impuesta por Hugo Chávez en Venezuela, con las desastrosas consecuencias que se conocen, copiada del comunismo cubano, seduce a otros gobernantes latinoamericanos, que hacen populismo explotando la pobreza y la ignorancia de sus pueblos, mientras atizan la lucha de clases, otro discurso obsoleto que propone una igualdad utópica. El ideal de un Estado pequeño, administrado por funcionarios honestos y bien calificados, cada uno en las áreas de su responsabilidad, que controlen y regulen el sistema macroeconómico y las actividades productivas, no funciona con una burocracia inepta, sumisa a caudillos que cabalgan al revés.