17 Abr, 2026

Dialéctica y poder irracional

Así se conforman mayorías que pervierten los principios democráticos, reconocidos como ideales.  

A falta de argumentos ideológicos de contenido respetable, quienes se oponen a tal o cual candidato en la feria electoral que se avecina para remplazar al actual presidente colombiano, donde, como en lo bazares de las ciudades populosas, hay de todas la calidades: éticas, intelectuales y de idoneidad para un ejercicio ejecutivo amplio, diverso y complejo, acuden asesores y mercenarios electorales de los aspirantes a descalificar a los contendores, entre otras cosas invocando casos de cambio de postura u opinión sobre diversos temas, presentándolos como veleidades o inseguridad. 
Decía un expresidente cuando se le criticó por cambiar una medida tomada previamente: “El que no está dispuesto a cambiar es un imbécil”. En Colombia, y en el mundo entero, según informan los medios, cada vez las campañas políticas son más sucias: en el vocabulario, las estrategias y los argumentos, relegando los candidatos asuntos de interés vital para las comunidades que aspiran a gobernar a un plano secundario.
Se prioriza enfilar baterías a destruir a los contendores con bajezas, chismes y anécdotas de mal gusto. Así las cosas, tienen que asistir los electores a las urnas con las narices tapadas, porque todo huele mal, reduciendo su decisión a optar por el candidato menos malo, como sucedió en el 2022, cuando muy buenos prospectos se quemaron por falta de acuerdos oportunos, generosos y razonables. Primaron los personalismos, por encima del interés general, para abrirles el paso a improvisaciones y delirios de grandeza, apoyados en argumentos incoherentes, más elocuentes que sustanciales.
Cuando se coronó el proyecto y se conquistó el poder, las adhesiones las pagó el erario, con cargos, contratos y otros recursos que tiene la corrupción, impuestos como estrategia para la sostenibilidad del cambio total, ofrecido como panacea, lo que en la práctica ha sido un despelote total. Llama la atención que personas supuestamente bien educadas en valores, algunas de ellas de origen enaltecido por destacados servicios al país, y otras con exquisita formación académica, en el momento de confrontar opositores en una campaña por el poder, desciendan a los basureros de la argumentación a rescatar porquerías, atribuibles a sus competidores, para descalificarlos ante los electores, que con frecuencia toman decisiones pagadas o imbuidas con engaños, sin mayor convencimiento ideológico ni objetivos de interés colectivo. 
Así se conforman mayorías que pervierten los principios democráticos, reconocidos como ideales, que cada vez se muestran más degradados, traicionando los principios que los inspiraron; y a los líderes que les dieron forma como sistema ideal de gobierno, y lo dignificaron en el ejercicio del poder.
Los actuales gobernantes de Estados Unidos, Israel, Irán, Rusia y Colombia (porque no puede quedarse atrás), como el camorrista de oficio, compran una pelea para seguirla, sin importarles el desorden institucional, la destrucción y las muertes que causen, porque en ellos prevalecen el egocentrismo y la autocracia. Y, lo peor, sobra quien los apoye. Vivir para ver…