El ciudadano común es el común ciudadano que habita Colombia en toda su extensión geográfica, sometido a todas las avalanchas posibles como la información y los análisis que suceden alrededor de las etapas electorales como en la actualidad.

No hay medio de comunicación general que se exima de transferir a sus destinatarios los temas noticiosos y razonados de los acontecimientos relacionados con el hecho de elegir al nuevo Congreso de la República y al presidente, que entrarán a legislar y a dirigir la Nación. Sucede igual con varios sistemas de comunicación especializados y restringidos, procedentes de entes públicos o privados, encargados de difundir noticias y análisis, con destino a sus asociados, y por esta vía se expanden a toda la población.

Hombres y mujeres se encuentran en medio de disyuntivas ante la inminencia de adoptar decisiones políticas para decidir sus candidatos y volver realidad su voto, indispensable para el país y las regiones. El voto, incluyendo el que se deposita en blanco, definirá el futuro nacional.

Para tener derecho moral a rechazar las acciones de los elegidos, debe votar, independientemente del candidato seleccionado autónomamente o el que se deriva de compromiso contractual mediado por promesas o dádivas momentáneas.

Por lo observado, el voto libre existe en el país, pero esta libertad tiene varias facetas que cada ciudadano debe definir. Ya no son sancochos, tamales ni adobes. Ahora son, como ejemplos, el pago de facturas o cuentas en las tiendas o la ayuda para matrículas.

Ofrecimientos de posibles empleos son eso: probabilidades y nada seguro, las cuales están sometidas a muchas variables. Es necesario expresar, por ser verdad, que no pocos encontrarán un empleo para el votante, familia o amigos, por este mecanismo, en los siguientes cuatro años. Algunos creen que es un mecanismo válido y exento del concepto de corrupción.

Al candidato se le pide de todo; y muchas veces el elector, en silencio, cree que el aspirante, y luego elegido, tiene el poder de saber las necesidades particulares.

La compensación ética del elector radica en que el elegido cumpla con todo lo prometido o por lo menos intente, con todas sus energías y disponibilidad, su accionar en beneficio de todos, y por este camino le llegarán las soluciones obtenidas por quien sale elegido.

Sin embargo, actualmente el ciudadano está en medio de una incertidumbre que lo apabulla por las expresiones escritas, verbales o visuales de los candidatos, partidos, adeptos y mandaderos, que se hallan inmersos en el fragor electoral, y se hace una pregunta sencilla: ¿Quién posee la verdad? Ya no es solo la aceptación personal y libre, por afinidad de cualquier clase, hacia uno o varios precandidatos. Hoy circula por doquier la venganza, la amenaza, el odio, la difamación y todas aquellas posiciones adoptadas para demeritar injustamente al opositor. Es oportuno ejercer el derecho a elegir sin ataduras de esclavitud o mentales ni encadenados a las urnas. Cada elector representa su verdad y una parte de la total. No se puede ser inferior.