Un ciudadano colombiano o extranjero, que viva legalmente en el país, hace parte de los 53 millones de habitantes, de los 8.700 millones que viven actualmente en el planeta y de los 115.000 a 117.000 millones de seres humanos que han existido a través de los milenios, desde la transformación de los ancestros en Homo sapiens.
Hoy el paisano se hace infinidad de preguntas. La mayoría no tienen respuestas satisfactorias para él, su familia o su núcleo social cercano o lejano. Pero, es dueño de infinidad de aspiraciones, que no tiene posibilidad de satisfacerlas, todas.
La sociedad colombiana se ha transformado de una manera radical en los últimos 120 años. Conserva sus íntimas creencias, entre ellas la religiosa tradicional católica que aparentemente practica menos o lo hace bajo otros ordenamientos, persistiendo en su creencia y devoción a Jesucristo.
El país, uno de los 228 territorios que congregan a muy diferentes personas. Los colombianos tienen intereses disímiles, tanto que a veces pareciera que pertenecen a otros conglomerados. Los territorios habitados del planeta no son similares y, por lo tanto, no hay una sociedad igual a otra, aún dentro de una jurisdicción, a similitud de la existencia de diferencias entre nariñenses y guajiros. Un pueblo ideal no tiene cabida en el mundo real. La filosofía puede dar curso a lo perfecto como mecanismo de reflexión, pero se enfrenta a la condición natural del ser humano, distinto entre lo parecido.
¿Cómo quiere un coterráneo que sea su nación?
Las respuestas pueden oscilar entre lo real e ideal, sin que ello tenga que relacionarse con los tiempos electorales. Lo óptimo no se construye de un día para otro; se necesitan personas, voluntades, estructuras y férreas decisiones de continuidad para lograr la meta.
Lo primero, que desea urgentemente el colombiano es vivir y disfrutar de la paz, con respeto por la vida de todos los asociados. No hay nada que sustituya válidamente este deseo.
Segundo, que cuente con los recursos, estatales o personales, suficientes para permanecer durante su ciclo de vida como persona con dignidad. Trabajo constante y cada vez mejor, pensión, vivienda y recreación. Vivir y morir como ser humano.
Tercero, tener un sistema nutricional que le permita ser un individuo pleno de salud, que no esté coartada por los vericuetos de la irresponsabilidad.
Cuarto, disponer de un sistema de salud que lo atienda durante toda su existencia, con integralidad, oportunidad y calidad.
Quinto, un Estado que le permita su desarrollo constante personal a través de la educación en todos los niveles. Donde tenga oportunidades de acuerdo con sus intereses y capacidades.
Sexto, que esté protegido constitucionalmente por una justicia que le brinde seguridad durante el devenir de su existencia.
Séptimo, que tenga la oportunidad y capacidad de tener tierra para su oficio y sustento.
Octavo, disponer de mecanismos para protección de la familia con interés de integridad y estabilidad.
Estas son algunas preocupaciones que le demandan buena parte de su tiempo consciente.