12 May, 2026

Síndrome de la margarita

La conciencia electoral no debe ser reemplazada por el azar.

Contrario al deseo de los colombianos, la confusión electoral se acentúa con el transcurso de los días y seguirá hasta la obtención de los resultados de la constitucional y afortunada primera vuelta de la contienda, por la Presidencia de la República. Allí no terminará la pugna; quedarán otros días hasta el domingo en que los electores definirán finalmente, salvo impugnaciones, quién será el primer mandatario ¿?, por los siguientes cuatro años.

Los ciudadanos no deben caer en el síndrome de la margarita aplicado a cada candidato: ¿Será el mejor o no será? La conciencia no admite el azar ni debe aceptar el miedo o cualquiera otra manera de modificar su auténtica libre decisión.

Pero, los argumentos falaces, las palabras y gestos, agresivos, no deben distraer ni enmascarar, la convicción de cada ciudadano construida a través del tiempo o adoptada con motivo de las evidencias, que le ha otorgado el vivir y por lo tanto el sentir.

Hay una frase que resume una manera ética de vivir, esbozada maravillosamente por el maestro Antanas Mockus: No todo vale. Es imperativo que ello sea una conducta humana permanente. Lo contrario son agresiones y como todas son infames.

¿Cómo se comportan los colombianos? Esta pregunta tiene infinidad de enfoques y por lo tanto un sinnúmero de respuestas provenientes de diferentes análisis. Hay que considerar por ahora que, en los estudios de los comportamientos, los seres humanos, y entre ellos los colombianos, no tienen ni deben tener una norma rígida. Salvo, el respeto por los demás, acatando simples mandatos permanentes de convivencia.

Normales

Entre los seres humanos no hay nadie absolutamente normal. La normalidad es un concepto alejado de la biología, cercano a la física.

Desde siempre el ser humano ha sido objeto de experimentación, usando primero el método de acierto-error. En el siglo XVIII se realizaron investigaciones con seres humanos, al principio discretas, pero ello es una realidad evidente en la actualidad. El mayor énfasis a la utilización de personas proviene desde las décadas a partir de 1930 en Europa y 1950 en América. No es oportuno, por ahora, mencionar otros animales.

La intervención de las personas como sujetos de investigaciones ha tenido dos connotaciones a través del tiempo: como voluntarios, ejemplo en el descubrimiento de los grupos sanguíneos o su participación forzosa, recordando la II Guerra Mundial.

En una época las personas que participaban en investigaciones como objetos de experimentación no se daban cuenta de ello, porque sin información y autorización proveían sus datos personales, sus componentes biológicos y el contenido de sus historias clínicas.

Ahora es indispensable el consentimiento informado y la retroalimentación obligatoria de los resultados, al menos en lo referente a su persona. Este avance es fundamental para el respeto del ser humano y su seguridad para posteriores derivaciones y utilización de datos.

Ya no son las cárceles; los hospicios, los hospitales mentales; los colegios y universidades; los pacientes hospitalizados o no; u otros grupos incógnitos, quienes se conviertan en las fuentes de datos ilegales.