Los médicos en Colombia, hasta la década de 1950, generalmente ejercían una profesión integral, donde la clínica, la cirugía, la enseñanza, ya sea en los niveles básicos o universitaria y la administración, eran sus áreas de trabajo, independientemente del compromiso social, añadido a través de la actividad política, para interés de las localidades, urbanas y rurales, en donde se establecían para servicio de las comunidades.
La Universidad de Caldas, reconocida en el país y el exterior, comenzó a principios de la década de 1960, asociada con los hospitales de Manizales, comandados por el antiguo universitario, a formar especialistas.  Así inició la Escuela de Postgrado. 
De allí, emergió como cirujano general, con honores personales, que eran y son muy importantes, el afable calarqueño Oswaldo Restrepo García quien había estudiado, 1959-1965, en la antigua Facultad de Medicina.
Se dice que el mejor cirujano es quien sea un excelente clínico, así lo practicó Oswaldo a través de todo su ejercicio como especialista. Dan fe de ello colegas y, por supuesto, sus afortunados pacientes que recibieron de él toda la entrega posible, aún en medio de las adversidades por las que atravesaban, en ocasiones, las instituciones en donde prestaba sus servicios.
Muchas entidades lo albergaron con orgullo; desde su servicio social obligatorio en Marsella hasta el ejercicio de sus labores quirúrgicas institucionales en Manizales. En todas demostró con creces su capacidad y entrega, no solamente en la técnica, sino también con su calidad de ser humano como médico. 
Cuando un cirujano decide no operar, debido al análisis de otras mejores posibilidades terapéuticas reales en beneficio del enfermo, adquiere un ribete humano que lo hace héroe ante el paciente y su familia, independientemente de los resultados finales. Ese era Oswaldo, ejemplo viviente del verdadero significado de ser médico. 
Fue un médico profesor con amplio reconocimiento quirúrgico docente y una persona accesible a la controversia profesional con el sólo ánimo de buscar lo mejor para el enfermo.  
Se le recuerda como un jefe ecuánime sin deponer sus principios, pero identificando el valor del ser humano en desarrollo de cualquiera de sus actividades.
El doctor Oswaldo ejerció múltiples representaciones con suficiencia, relacionadas con su papel de médico, profesor y dignatario de organismos que asociaban médicos. Siempre fue un leal miembro de las instituciones participando activamente con su vocería hidalga, científica, técnica y humana. 
Médico introvertido a su leal actuar y reflexivo al extremo. Cuidadoso con las palabras y gestos hacía el paciente y su familia. Cuando no se actúa así, provienen las debacles.
Una de las cualidades de Oswaldo Restrepo fue su inclinación permanente a la educación continua para estar actualizado en su profesión de especialista y profesor. Testimonio de lo anterior es el relato de sus múltiples y frecuentes asistencias a eventos científicos en todo el país.
Al fallecer, el doctor Oswaldo deja una huella ética en quienes lo trataron, comenzando por sus pacientes, alumnos, colegas y funcionarios. Fue un destacado compañero de labores, sobresaliendo por su cualidad de mando, conocimiento y apoyo. Y, por supuesto, un pilar entrañable para su familia.