22 May, 2026

El fenómeno de la Francia insumisa

La Francia Insumisa ha crecido en medio del repudio popular contra el presidente Emmanuel Macron.

El político de izquierda Jean Luc Mélenchon (1951), que en las elecciones en Francia del 2022 estuvo a punto de pasar a la segunda vuelta por solo 400.000 votos (22%), se ha vuelto a lanzar por cuarta vez para los comicios de abril del 2027, aupado por los excelentes resultados de las municipales de hace un mes.
El exministro socialista, tribuno aguerrido, gran orador y personaje de vasta cultura, de 74 años, es considerado el político más brillante y experimentado del momento, fue discípulo del expresidente François Miterrand. Más tarde participó en el Gobierno del primer ministro socialista Lionel Jospin, cuando era mandatario Jacques Chirac, carismático líder de la centro derecha, heredera del general Charles de Gaulle.
Ya en este siglo, el tribuno se alejó de su partido, al que consideraba demasiado blando y creó en el 2010 la escisión que condujo al movimiento de La Francia Insumisa, conformado por jóvenes brillantes que abogan por el antirracismo, la conciencia ecológica contra las energías fósiles, la inclusión de las minorías y la conservación de las conquistas sociales.
La Francia Insumisa ha crecido en medio del repudio popular contra el presidente Emmanuel Macron, joven banquero arrogante, que sería lo que en Colombia se denomina un “gomelo”, representante de los intereses de los grandes grupos financieros mundiales y de las élites parisinas casi aristocráticas, alejadas de las necesidades populares del trabajador francés blanco pobre de las provincias y de las nuevas generaciones surgidas de la inmigración africana subsahariana y del Magreb, así como los descendientes de africanos, mediorentales, asiáticos, y de otros orígenes, que realizan los trabajos más duros, pero muchos de los cuales se educaron en las escuelas y universidades republicanas gratuitas.
Es el caso del negro baketbolista y politólogo Bally Bagayoko (1973), triunfador en las municipales de Saint Denis, en la periferia de París, donde están sepultados los reyes del antiguo régimen, y quien desde hace un mes es considerado por muchos analistas el Barack Obama francés.
Todos esos jóvenes de diversos orígenes fueron formados en una década en el Instituto La Boétie, dirigido por Mélenchon y la vicepresidenta del Congreso, Clémence Guetté, diputada de 35 años originaria de los suburbios de París. En todas las capitales regionales y municipios importantes florecen centenares de esas nuevas figuras técnicas surgidas del pueblo y las periferias. Ahora sorprenden en los debates parlamentarios y televisivos y el viejo Mélenchon dice que de ahí saldrán sus ministros si llega al poder.
La vieja clase política de las élites financieras formada en la Escuela Nacional de Administración y otras altas instituciones, un cuerpo de privilegiados que acapara los principales cargos casi por derecho divino y con carácter hereditario y vitalicio, está furiosa y realiza una campaña sucia mediática para tratar de desprestigiar a Mélenchon sin mucho éxito. Lo acusaron de antisemita por oponerse al genocidio en Gaza y trataron infructuosamente de satanizarlo como castro-chavista.
El próximo 7 de junio lanzará la candidatura en una manifestación en el estratégico municipio de Saint Denis, que ganó en primera vuelta el negro de origen maliense Bagayoko y comenzará la batalla para que el tribuno llegue a segunda vuelta y luche por la Presidencia, mientras todos sus rivales de izquierda y centro derecha están divididos y muy confundidos. Solo la extrema derecha de Marine Le Pen sigue fuerte en las encuestas, lo que seguramente augura un duelo entre dos visiones muy distintas del futuro.