10 May, 2026

Café y conflicto en Colombia

El libro de Bergquist nos hace vivir con pasión aquellos tiempos en los cuales Colombia se liberaba al fin del siglo XIX con sus patrias bobas y horribles guerras.

Café y conflicto en Colombia 1886-1910, del académico estadounidense Charles Bergquist, traducido por Moisés Melo y publicado en 1981 por el FAES en Medellín, es uno de los clásicos de la historiografía contemporánea del país en el último medio siglo, y es lectura obligada para quienes queremos descifrar los arcanos de nuestro acontecer nacional, siempre en carne viva, siempre al borde de la guerra civil.

Subtitulado La guerra de los mil días, sus antecedentes y consecuencias, este libro riguroso y muy bien documentado en los más recónditos archivos oficiales y familiares disponibles, se lee como una novela y nos hace viajar a una época clave de la historia colombiana, y nos presenta en acción a las grandes figuras políticas de su tiempo como Tomás Cipriano de Mosquera, Rafael Núñez, Miguel Antonio Caro, Miguel Samper, Rafael Reyes, Rafael Uribe Uribe, José Manuel Marroquín y muchos otros que eran ilustrados, gramáticos, buenos prosistas y doctos en las ciencias económicas.

Asistimos con toda claridad a la pugna entre las ideas liberales anticlericales y federalistas, representantes de las prósperas élites importadoras de productos europeos y a su vez productoras y exportadoras de café, cuyos precios estuvieron en auge, y las ideas nacionalistas y conservadoras de la Regeneración, lideradas por el gran estadista Rafael Núñez, que abogaban por el proteccionismo, el centralismo, el papel moneda, la buena relación con la Iglesia y condujeron a la Constitución de 1886, vigente durante mucho tiempo en Colombia.

Esas tensiones económicas e ideológicas y la coyuntural baja de los fluctuantes precios del café, fueron el caldo de cultivo de la Guerra de los Mil Días, que estalló en 1899 durante el Gobierno del anciano y enfermo presidente Manuel Antonio Sanclemente, asentado en Anapoima o Villeta, pero de facto comandado desde la fría Bogotá por el novelista y vicepresidente José Manuel Marroquín.

Antes de que estallara la guerra y asumiera el poder, el religioso y católico Marroquín vivió en los años 90 en su hacienda familiar sabanera de Yerbabuena, sede después del Instituto Caro y Cuervo, donde escribió cuatro novelas, Blas Gil (1896), Entre primos (1897), Amores y leyes (1898) y El moro (1899).

José Joaquín Casas lo muestra como un rico hacendado vestido con "ruana de paño azul, alto jipijapa de lo más fino, zamarros de cuero de león y guantes de gamuza", montado en un espectacular caballo castaño, seguido por un criado en una yegua.

Colombia tenía entonces cuatro millones de habitantes, poseía algunas líneas cortas de ferrocarriles que comunicaban a Bogotá con el río Magdalena, arteria crucial para las exportaciones de café y las importaciones desde el exterior, gozaba ya de un servicio eficaz de correos y telégrafos y, como siempre ha ocurrido, de unas nutridas redes clientelares de funcionarios y contratistas en la capital y las lejanas provincias que eran codiciadas cuotas del poder en turno y monedas de cambio.

Otra figura de la época fue el liberal progresista Rafael Uribe Uribe, quien realizó gestas inolvidables en las primeras batallas de la Guerra de los Mil Días y después, antes de su cruel asesinato, sentó con otros desde el Congreso las bases para el retorno de su partido al poder tras medio siglo de hegemonía conservadora y la implantación de una relativa época de estabilidad y prosperidad en medio del espectacular auge cafetero, que reinó hasta los años 40, antes del reinicio de la violencia, aún presente por desgracia y maldición hereditarias en nuestro país.

El libro de Bergquist nos hace vivir con pasión aquellos tiempos en los cuales Colombia se liberaba al fin del siglo XIX con sus patrias bobas y horribles guerras civiles propiciadas por las élites bélicas, donde morían siempre los campesinos y las minorías pobres descalzas y hambrientas que no sabían porque iban al matadero obligadas por sus amos.

Como tenemos una larga tradición de historiadores colombianos y extranjeros en el país, debemos visitar esos magníficos libros para desentrañar la complejidad social y política de Colombia por su posición estratégica y entender que los tiempos actuales son también protagonistas de una historia que será leída con pasión en el futuro.