Café con aroma de mujer, la magistral telenovela concebida por el libretista Fernando Gaitán, dirigida por Pepe Sánchez y protagonizada por Margarita Rosa de Francisco, se quedó para siempre en el imaginario colombiano y mundial al mismo nivel que Cien años de soledad de Gabriel García Márquez.
Las obras maestras de la literatura, el cine o la telenovela son milagros inexplicables, concreciones esenciales que encarnan la historia de un país a través de personajes y acciones inolvidables que nos conmueven, estremecen y cambian y tocan la fibra más profunda de nuestro ser, como ocurrió con Guerra y paz y Anna Karenina del genio ruso León Tolstoi.
Las obras maestras del arte recorren el tiempo sin envejecer y cada vez que volvemos a ellas sentimos la misma emoción experimentada durante la primera visión o lectura, tal y como ocurre con las inolvidables aventuras de El Quijote de la Mancha o las peripecias vividas por los personajes en el sanatorio suizo para tuberculosos de La montaña mágica de Thomas Mann.
La telenovela latinoamericana es un género reciente surgido durante el auge de la televisión en la segunda mitad del siglo XX en Perú, México y Colombia y ha mutado ahora hacia las series de Netflix y otras plataformas que invierten colosales sumas para contar historias que seducen a las nuevas generaciones del siglo XXI, que frecuentan poco los libros, pero son adictas a este nuevo arte colectivo e industrial.
A lo largo de Café con aroma de mujer, creada en 1994 por RCN, está siempre presente ese género telenovelero a través del personaje de la mamá de Gaviota, protagonizado también con maestría por Constanza Duque, en el papel de una andariega recolectora de café y madre soltera, originaria del Eje Cafetero. La mamá de Gaviota ha visto todas las telenovelas posibles, entre ellas clásicos como Simplemente María y Los ricos también lloran. Su cultura telenovelera es enciclopédica y como casi todo el pueblo de América Latina, la India y los países árabes, vive pegada al televisor en los tiempos libres después del arduo trabajo.
La mamá proyecta esas historias a la vida de su bella hija Gaviota, que la acompaña en los recorridos por el país y desde allí enfrenta todos los trágicos peligros que acechan a las mujeres marginadas, pobres, humilladas, como el proxenestismo, la prostitución, la violación, el abuso sexual, el feminicidio. De ahí se eleva a las alturas por su coraje, inteligencia, fuerza y el apoyo indefectible del tierno amor materno. Termina siendo una alta ejecutiva del café colombiano.
Frente a ellas está la familia Vallejo, representante de las élites terratientes y adineradas, un nido de víboras de carácter balzaciano, donde hay infames malvados como Iván y su esposa, Lucrecia, y Lucía y también otros caracteres justos y buenos como Sebastián y el catador de café inglés Arthur. Todo en medio de la codicia y la infamia de los potentados que nunca ven saciadas sus ansias de dinero y poder. Es la eterna lucha bíblica entre bien y mal, ricos y pobres, capataces y trabajadores, gente de alcurnia y de “buena familia” y plebeyos.
En estos momentos de efervescencia y calor que vive Colombia ante una gran disyuntiva electoral, es bueno volver a ver esta telenovela que resume los grandes conflictos de nuestra historia y las taras y peligros que siempre nos acechan. La Gaviota y su mamá siguen vivas en nuestros corazones gracias al milagro del arte.
14 Jun, 2026
Café con aroma de mujer
La telenovela latinoamericana es un género reciente surgido durante el auge de la televisión en la segunda mitad del siglo XX en Perú, México y Colombia.