31 May, 2026

Votos con miedo: la democracia de los “nadie”

Ese ambiente de odio y polarización termina afectando precisamente a los más vulnerables.

Eduardo Galeano, en su texto literario “Los nadie”, retrata a aquellos que la sociedad ignora: los invisibles, los que trabajan, luchan y sobreviven sin reconocimiento. Son quienes “no tienen nombre, sino número”, quienes habitan los márgenes mientras otros deciden por ellos.
En Colombia, esos “nadie” tienen rostro en los campesinos olvidados, en las comunidades del Pacífico y del Atlántico, en el sur del país y en esos antiguos territorios nacionales que durante décadas fueron tratados como periferia, y en los barrios populares de casi todas nuestras ciudades. Son la mayoría silenciosa de la población colombiana, todavía esperando lo mínimo: educación, trabajo digno, agua potable y un sistema de salud que no les regatee ni siquiera los medicamentos que necesitan para seguir viviendo.
Cada periodo electoral parece devolverles importancia. Los discursos políticos se llenan de promesas sobre inclusión, dignidad y progreso social. Los candidatos recorren calles humildes, estrechan manos, se toman fotos y hablan de cambio. Muchos ciudadanos de estratos bajos salen a votar con la esperanza legítima de transformar sus vidas, confiando en que esta vez sí llegará un gobierno que garantice derechos esenciales y reduzca las desigualdades históricas. Sin embargo, pasada la jornada electoral, gran parte de esas promesas se guarda en el cajón del olvido.
La Constitución Política de Colombia establece, en su artículo 1, que el país se fundamenta en el respeto de la dignidad humana. El artículo 67 reconoce la educación como un derecho, mientras que la Corte Constitucional ha señalado que el acceso al agua potable es indispensable para una vida digna. A esto se suma la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que proclama la igualdad y la protección de todas las personas sin distinción. Pero la realidad demuestra que, para muchos colombianos, esos derechos siguen siendo más una aspiración escrita en el papel que una garantía efectiva en su cotidianidad.
Galeano entendía que la exclusión no solo se refleja en la pobreza material, sino también en la manera en que una sociedad decide ignorar a ciertos sectores, como si no existieran. Hoy, además de la desigualdad, Colombia enfrenta otro problema: las agresiones partidistas y la incapacidad de respetar las diferencias políticas. En lugar de debatir ideas, muchas veces se ataca al otro por pensar distinto. Ese ambiente de odio y polarización termina afectando precisamente a los más vulnerables, porque mientras los partidos se enfrentan, las necesidades reales de la población siguen sin resolverse.
Los “nadie” continúan esperando oportunidades reales y no simples promesas de campaña. Más que aparecer en discursos políticos, necesitan políticas públicas constantes, respeto por su dignidad y garantías efectivas de derechos. Galeano nos recuerda que invisibilizar a las personas también es una forma de violencia.
Tal vez el verdadero cambio social comience cuando Colombia aprenda a escuchar a esos “nadie”, a respetar las diferencias y a entender que la dignidad humana no puede depender de una temporada electoral. Donde el voto se decide al ritmo de las balas, la democracia se apaga y solo queda el miedo.