Nota del autor: Esta columna se venía escribiendo desde hace días y se finalizó después del fallecimiento de Alonso “El Pocillo” López Palacio. Su partida refuerza con dolorosa vigencia este llamado urgente a legislar por la dignidad de nuestras glorias del fútbol. Paz en su tumba y gratitud eterna a sus amigos del fútbol y a su familia, que lo acompañaron hasta el final.
Como en aquel viejo tango, El sueño del pibe, miles de niños colombianos soñaron con vestirse la camiseta de su equipo, sentir el rugido ensordecedor del estadio y ver ondear la bandera nacional. Algunos cumplieron ese anhelo: se convirtieron en ídolos que colmaban de emoción las gradas y hacían latir al país con cada gol. Pero el tiempo, implacable e indiferente, ha sepultado sus hazañas y nombres en el olvido colectivo.
Alonso “El Pocillo” López, orgullo eterno de Manizales, es uno de esos héroes silenciados. Brilló como profesional durante casi una década en el club de fútbol Los Millonarios, dejando una historia inolvidable de pasión y entrega; luego defendió con el alma la camiseta de nuestro amado Once Caldas por varias temporadas y pasó por el Deportivo Independiente Medellín. Todo un crack, convocado a la Selección Colombia, ejemplo vivo de garra y nobleza. Hasta poco antes de su enfermedad -corta, certera y traicionera- se le veía radiante, optimista, fiel a su rutina de ejercicios; nunca alzó la voz contra nadie y profesaba un amor inquebrantable por su Millonarios. Hoy, su memoria nos interpela con la penumbra del abandono institucional de las entidades deportivas que un día lo ovacionaron.
“El Pocillo” nunca estuvo solo: tuvo a sus amigos del fútbol y a su familia siempre con él. Pero los estadios que temblaban con sus jugadas hoy yacen mudos, sin un aplauso de gratitud de quienes debían cuidarlos. Como escribió Eduardo Galeano en Fútbol a sol y sombra: el fútbol es un viaje del placer al deber, donde el negocio ahoga la alegría pura. Ese drama acecha a nuestros exfutbolistas: entregaron juventud, cuerpo y alma al deporte, pero el sistema los amenaza con desechar cuando las luces se extinguen.
No bastan placas polvorientas ni homenajes efímeros. Urge una ley nacional contundente que consagre pensiones obligatorias (5% taquillas/TV de clubes-FCF), seguros de salud vitalicios para secuelas deportivas, subsidios habitacionales y rehabilitación integral, fiscalización estricta con sanciones y veeduría ciudadana, incentivos fiscales para cumplidores.
¡Congreso, FCF, clubes y Ministerio del Deporte: legislen ya, con urgencia y compromiso real! Honremos al “Pocillo”, rodeado siempre del cariño de su familia y amigos, para que ninguna gloria más sufra el desamparo institucional. Ellos forjaron nuestra identidad futbolera: sus goles fueron orgullo patrio, sus sacrificios, lecciones eternas de vida. Abandonarlos es traicionar nuestra historia compartida.
La derrota más amarga del fútbol colombiano no ocurre en la cancha, sino en este olvido institucional. Cuando un país abandona a sus ídolos, los estadios vacíos resuenan con tristeza y vergüenza. El sueño del pibe, nacido de ilusiones puras, no puede extinguirse en silencio. ¡Colombia futbolera merece memoria, justicia y leyes de dignidad eterna!
17 Abr, 2026
Las leyes que el fútbol colombiano les debe a sus ídolos
¡Congreso, FCF, clubes y Ministerio del Deporte: legislen ya, con urgencia y compromiso real! Honremos al “Pocillo”.