Antes de seguir mi relato de Araracuara, quiero felicitar con profunda emoción a Manizales, declarada: ”Uno de los mejores vivideros del mundo”.
Yo sentía alborotados los chorros de adrenalina que recorrían todo mi cuerpo y le dije al piloto, repitamos la hazaña para hacer unas fotos. El piloto, enloquecido como yo, no dudó. Enderezó de nuevo la avioneta hacia el Cañón, pero había un colchón de aire que no permitía que el aparato penetrara. Vi cómo el piloto se esforzaba, pero todo fue en vano. En un cerrar de ojos la avioneta salió disparada hacia la derecha, formando ángulo recto en su trayectoria y pasando unos pocos metros por encima del borde superior de la pared del Cañón. Si hubiera pasado más abajo la avioneta se habría estrellado y hubiéramos caído al agua, destrozados el aparato y nosotros.
Al salir disparada hacia la derecha, el piloto pudo estabilizarla, calcula él, a unos 200 metros de distancia del Cañón. Tanto él como yo terminamos “desaguados por entrambas canales” como dice Cervantes cuando Quijote y Sancho bebieron el bálsamo de fierabrás ¿Me hice entender? ¿O debo ser más explícito?
Ara significa guacamaya. En la región se ven a menudo estas aves. Y Araracuara significa nido de guacamayas. “Ara macao”, Guacamaya Bandera, es la más común y se llama así porque tiene los tres colores de la bandera colombiana. “La Ara ararauna” tiene colores azul y amarillo. La “Ara militaris”, como su nombre casi lo indica, es predominantemente verde. Hay una guacamaya preciosa, toda azul, oriunda de Brasil. Se extinguió en su mundo natural, pero lograron salvarla y reintroducirla en su ambiente gracias a ejemplares que tenían en zoológicos. Su nombre científico es complicado:”Anodorhynchus hyacinthinus”.
En este viaje ocurrido al día siguiente de que dinamitaran los laboratorios de Villa Coca y Tranquilandia, sobrevolamos precisamente estos laboratorios y vimos las nubes de humo y la gente corriendo de un lado para otro en las destruidas instalaciones. Mi segundo viaje al Parque Nacional de Chiribiquete lo hice por tierra y ríos.
Aterrizamos en Puerto Santander a orillas del cauce medio del río Caquetá. Es bueno recordar que en Los Llanos y la selva amazónica, los ríos “de arriba, del norte” o sea del Llano desembocan en el Orinoco y los “de abajo, del sur” o sea los de la Amazonia salen de Colombia y van a buscar al río Amazonas para verter en él sus aguas. Estos ríos sureños, varios de ellos “blancos”, vienen de la Cordillera Oriental y al entrar a Brasil cambian de nombre. Y así tenemos al río Caquetá que se llamará Yapurá, al Putumayo que se llamará i (mayúscula) ca; o sea Icá, llevando la “c” una comita debajo para pronunciar “isá”, y el río Guainía al entrar a Brasil pasará a llamarse río Negro, por el color de sus aguas. Los dos primeros, Caquetá y Putumayo, son ríos blancos. En esta parte de la selva hay muchos ríos caudalosos, uno de ellos es el Cahuinarí, núcleo principal del Parque Nacional Cahuinarí, de bellas selvas y rica fauna.