Hablábamos de un Parque Nacional isleño de Colombia, de Gorgona. Lo que los colombianos ignoran es que en Italia existe una isla también llamada Gorgona y que también es desde 1869 colonia penal, como lo fue nuestra Gorgona. Pero antes quiero hablar un poco de James Hilton, porque algunos lectores me lo pidieron. La verdad es que la obra de este escritor británico-norteamericano me apasiona. Su novela, en edición de bolsillo, publicada en 1933 y titulada
Horizontes perdidos se convirtió en regla de vida para millones de lectores, especialmente jóvenes, que se inspiraron en ella para buscar y vivir una vida de simplicidad y felicidad en armonía con la naturaleza, lejos de las comodidades de
la sociedad de consumo.
La novela habla de un viaje en avión de varios personajes, cuyo itinerario de vuelo fue cambiado por el piloto que los hizo aterrizar en un valle del Himalaya. Aparecieron unos monjes que llevaron a los pasajeros a un valle perdido entre las montañas en el cual reinaba la paz y la felicidad y cuyo dirigente era un monje budista. El protagonista de la novela, Hugh Conway, es recibido por el monje que lo va introduciendo en el ambiente monacal y de felicidad del lugar llamado Shangri-la.
En este paraíso la gente no envejece. El lama budista resultó ser un monje católico de nombre Perrault, que se estableció en el lugar muchos años atrás. Aprovechando una caravana que entró al valle trayendo suministros, Hugh Conway, el protagonista, huyó de Shangri-la y fue recogido enfermo y cuidado en un hospital de la “civilización”. Una de las “enseñanzas” de la novela es que hasta de la felicidad convertida en rutina se aburre el ser humano. La novela convertida en el anhelo de paz, de felicidad, de simplicidad suprema viviendo en medio de la naturaleza se convirtió en un fenómeno delirante especialmente en sociedades avanzadas víctimas del consumismo y del afán de riquezas y comodidades, siendo Estados Unidos el ejemplo clásico de este mundo desaforado y vacío de valores trascendentes.
Centenares de jóvenes, muchos de ellos llevados por la droga, peregrinaron por las montañas del Himalaya buscando el valle de la felicidad. No faltaron los que murieron en el intento. He conocido muchos grupos de rock que llevan el sonoro nombre de Shangri-la. Un portaviones de Estados Unidos así se llamó. Roosevelt bautizó con el mismo nombre a su casa de descanso presidencial que hoy se llama Camp Davis. Una región de China, llamada Zhongdian, fue rebautizada con el mismo nombre. Shangri-la fue y todavía sigue siendo un fenómeno cultural y espiritual para muchos ciudadanos del planeta Tierra que sueñan con un paraíso de felicidad en medio de la terrible barahúnda en la que el mundo moderno se mueve.
El país de la tierra que más parecería encarnar los postulados de Shangri-la es el reino de Bután, un pequeño país del Himalaya, de difícil acceso y que yo he podido visitar y admirar. La novela “Lost horizont”, de Hilton, ha sido llevada dos veces al cine, una por Frank Capra y otra por Charles Jarrott.