Opinión
15 Abr, 2026

Los tigres en el raudal de la Gamitana, al sur de Colombia

Para desplazarse de un río al otro los indígenas han abierto caminos en la selva, caminos que se llaman varadores, en los cuales deben arrastrar las canoas.

Estamos ahora bajo el embrujo del río Yarí, llamado también río de los Engaños. Nace en el departamento del Caquetá, cerca de San Vicente del Caguán, y después de recorrer 690 kilómetros entrega sus aguas negras y brillantes al poderoso río Caquetá. En su cuenca habitan varias comunidades indígenas y recibe varios afluentes, todos de más de 100 kilómetros de longitud. Estos son: Mesay, Luisa, Cuñare Camuya, Tajisa y Ventura, que lo convierten en un río de respetable caudal. No muy lejos de Piedra Campana llegamos a la boca del Raudal de la Gamitana. La gamitana es un pez de la Orinoquia y de la Amazonia, llamado también cherna o tambacú. Después del piache es el pez con escamas más grande del Amazonas. Puede llegar a medir un metro y pesar 28 kilogramos. Su carne es muy apreciada y es objeto de acuicultivo. En su honor bautizaron este raudal del Yarí. Es imposible remontar la boca del Raudal. En la mitad del río se explaya una amplia plataforma rocosa donde levantamos las carpas. A lado y lado el río busca salidero por dos potentes chorreones y al frente, de lado a lado una cascada de apenas un metro de largo de altura se abre en toda la amplitud del cauce. Allí pasamos una tarde y una noche. El lugar es de embrujadora belleza. Mis compañeros, la oftalmóloga Alejandra Murcia, el ingeniero Carlos Andrés Torres y Orlando Luna, igual que yo, vivimos una noche mágica por los ruidos y susurros de la selva, por la magia del río, por el rumor del raudal y por los rugidos de un tigre que se oyeron nítidamente hacia las 3:00 de la mañana. De aquí en adelante nuestro avance hacia el Parque Nacional Chiribiquete lo haríamos combinando agua y tierra. ¿Cómo así? Si observamos el mapa de Colombia notaremos que los ríos de la selva amazónica corren en dirección al Brasil sin juntarse, digamos que avanzan paralelamente. Al salir de Colombia, como ya lo hemos dicho otras veces, todos van a entregar sus aguas al poderoso Solimoes o Amazonas y al entrar a Brasil adoptan otro nombre. Pues bien, para desplazarse de un río al otro los indígenas han abierto caminos en la selva, caminos que se llaman varadores en los cuales deben arrastrar las canoas para seguir navegando por el otro río. Los varadores también se abren a orillas de un mismo río, cuando el raudal es muy largo y no se puede navegar. Así hicimos nosotros en este memorable viaje por la cuenca del Yarí, unas veces navegando y otras caminando en cuyo caso arrastrábamos la canoa por los varadores para de nuevo caer al mismo río o al siguiente. Utilizar un varadero o varador de un río a otro es como caminar una calle para unir dos carreras en las ciudades. Era invierno. La selva en invierno y la selva en verano son totalmente diferentes.