11 Jun, 2026

De fútbol y política sí se habla

La Copa Mundial 2026 es mucho más que un evento deportivo. Es el escenario de la interacción humana, las manifestaciones culturales, la diversidad.

Mi papá me enseñó dos cosas que hacen parte fundamental de quien soy: la importancia de la política y el fenómeno que es el fútbol. Lo acompañé a votar hasta que tuve edad para hacerlo y sufrimos juntos cada derrota de la Selección Colombia. Y mientras esto sucedía, me fui dando cuenta de que el fútbol es un acto político. Una relación bastante particular que podemos ver hoy en Colombia: elecciones presidenciales en el marco del Mundial de fútbol y la esperanza intacta por el triunfo en ambos casos.
Pero, más allá de las emociones, el fútbol tiene implicaciones simbólicas y geopolíticas bastante fuertes relacionadas con la política. Por ejemplo, de acuerdo con una publicación de Rutas del Conflicto, el 35% de los jugadores de la selección Colombia convocados para este mundial nacieron en municipios ZOMAC (Zonas Más Afectadas por el Conflicto Armado) y PDET (Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial), como Amalfi o Istmina, en los que la llegada de estos jóvenes a las altas esferas del deporte se vuelve esperanza para niños y niñas que aún viven allí. 

Al mismo tiempo, Messi posa en silencio en la Casa Blanca al lado de un Trump que le rinde un homenaje a su equipo lleno de jugadores internacionales, mientras hace más fuertes y violentas sus políticas migratorias. Y en Europa, los estadios de España se inundan con insultos racistas a futbolistas negros y musulmanes, y un árbitro alemán es brutalmente golpeado tras pedirle matrimonio a su novio en un estadio lleno de aficionados. Eso es más que deporte: es un reflejo de lo que defendemos, permitimos y validamos.
Solo hay que mirar la actual Copa del Mundo. Con premios de paz inventados y alcahueteados por la FIFA en medio del torneo mundialista, Trump intenta hacernos olvidar que quiere acabar con la diversidad y que, por la fuerza, quiere imponer “valores” que violan los derechos humanos. Mientras que selecciones como España y Francia se consolidan con jugadores de diferentes orígenes geográficos que han llegado allí como refugiados.
En el tiempo se va perdiendo la patada de Eric Cantona en 1995 al hincha que le lanzó insultos racistas, pero no su significado. Por eso hoy vemos a un Lamine Yamal que ondea la bandera de Palestina, un Pep Guardiola que abiertamente condena todas las guerras y a un Richarlison que se opone a los gobiernos de ultraderecha en Brasil.
La Copa Mundial 2026 es mucho más que un evento deportivo. Es el escenario de la interacción humana, las manifestaciones culturales, la diversidad. Es un evento en el que las naciones se enfrentan esperando que la pasión por la camiseta lleve alegría a países con complejas crisis humanitarias. Es la oportunidad de que cada celebración de gol puede traer consigo la defensa de una causa, así muchos exijan que los futbolistas solo corran tras un balón. Es el momento para que todas las voces sean escuchadas, pues todo el planeta estará viendo.
Mientras tanto, aquí la camiseta de la Selección Colombia será un símbolo dividido: el 17 de junio, día del debut mundialista, será unión alrededor de un grito de gol que espera salir, pero, cuatro días después, será reflejo de una Colombia polarizada que deposita en las urnas la certeza de que su visión de país es la correcta.