Una de las principales consignas del presidente Petro es que están transformando el modelo económico de Colombia. Una transformación, según ellos, basada en la descarbonización de la economía y una recuperación del sector primario y re-industrialización del sector secundario, generando un cambio histórico en el sistema de producción y ocupación de la población colombiana. Bonita narrativa que desafortunadamente las estadísticas sugieren un ejemplo más de las numerosas fantasías económicas de este Gobierno.
En los últimos 20 años, Colombia está con la participación más baja de la industria manufacturera en su economía, pasando del 15,9% en el 2005, 13,9% en el 2010, 12,4% en el 2015, 10,7% en el 2020 a un 9,8% en el 2025. Igualmente, la inversión privada cayó de promedios históricos del 22% al 16% en el último año. Por su parte, la agricultura pasó de mínimos del 5% en el 2013 al 7,6% en el 2020, 8,8% en el 2022 y 9,8% en el 2025, con una ganancia especialmente en otros cultivos diferentes al café. Sin embargo, la agricultura pasó de generar el 14,6% de los empleos en el 2022 al 14,2% en el 2025 y la industria del 10,6% al 11%. De hecho, quienes más ganaron en participación fueron servicios de alojamiento, comida y transporte. Y, aunque las ventas externas de petróleo y carbón bajaron de participar el 56,3% en el 2022 al 35,6% en el 2025, sobre el valor total de las exportaciones descendimos de 57.115 millones de dólares FOB en el 2022 a 50.1999 millones en el 2025, donde la cifra de bienes industriales exportados se mantiene sin modificaciones sustanciales, 17.984 millones de dólares en el 2022 frente a 17.830 millones en el 2025. En síntesis, de la fantasía a la realidad, Colombia ha registrado una desindustrialización económica y un acelerado proceso de terciarización espuria (servicios terciarios de bajo valor agregado).
El verdadero ánimo de transformar el modelo económico del país se concentró en ataques recurrentes a las empresas privadas y sus dueños, la generalización de todos ellos como explotadores del trabajador, el escepticismo al funcionamiento y resultados de los modelos mixtos en sistemas sociales (educación, salud, pensiones, etc.), el ahogamiento a sectores económicos específicos, el afán por intervenir en las decisiones de la política monetaria, el debilitamiento técnico en instituciones de política económica y social, la campaña política y comunicativa contra la evidencia científica de la teoría de las causas y consecuencias de la inflación y el desempleo, el relajamiento de las políticas de equilibrio fiscal, el abandono de las políticas públicas sectoriales de desarrollo empresarial, los intentos frustrados de implementar controles de precios, entre otros. En esencia, una omisión a la historia y teoría económica, la economía mercado, la competencia, la propiedad privada, las políticas de oferta agregada, innovación, productividad y crecimiento económico y la confusión del rol del Estado en la política pública. 
Así, han pasado cuatro años y el país sigue con los mismos problemas socioeconómicos. Evidentemente es un tiempo insuficiente para hacer cambios estructurales y es necesario la articulación con un buen Congreso de la República. El secreto radica en mantener estrategias de largo plazo entre gobiernos que vayan materializando y recogiendo cambios progresivamente. Pero el Gobierno Petro en su ambición de pasar a la historia, decidió frenar y reversar muchos procesos en los cuales paradójicamente los más afectados son la base del “pueblo” que dicen representar.
Ojalá el próximo presidente no caiga en el complejo de Adán que caracteriza a Petro y en esas fantasías económicas, buenas para conversar, pero complejas de concretar sin el debido esfuerzo técnico. No puede ser que sigamos cayendo en discusiones de un siglo atrás, capitalismo o socialismo-comunismo, cuando la historia nos muestra los claros ganadores y perdedores. Más bien el futuro de Colombia depende de aplicar un pragmatismo, colocando en marcha las políticas y reformas que empíricamente funcionan y transforman realidades desde la evidencia histórica y científica hacia el bienestar social.