“Cómo mueren las democracias” es el título de un libro escrito por los politólogos estadounidenses Steven Levitsky y Daniel Ziblatt en el 2018 donde reflexionan sobre la historia electoral en los Estados Unidos y muestran cómo en las últimas décadas se ha generado un punto de inflexión, llevando a un aumento en el riesgo de los procesos democráticos y el incremento de individuos y colectivos políticos y sociales de poder con tendencias autoritarias.
El libro no se centra exclusivamente en Estados Unidos, también hace mención a casos históricos europeos y latinoamericanos, y recientemente analizan la erosión de las instituciones democráticas en Chile, Argentina y Perú durante las décadas de los setenta, ochenta y noventa del siglo XX respectivamente y Venezuela en las dos décadas del siglo XXI.
El principal mensaje es que las democracias se debilitan cuando personas con tendencias autoritarias se filtran en los procesos de elección electoral y una vez llegan al poder comienzan a fracturar desde adentro las instituciones, formales e informales, del sistema político y en algunos casos existen resistencias exitosas incluso con coaliciones entre partidos políticos antagónicos, pero en otros se termina abriendo paso a regímenes totalitarios de izquierda o derecha.
Y, en ese proceso, los autores no culpan a los ciudadanos que votan, sino a los partidos políticos que avalan a ese tipo de personas con características básicas de autoritarismo, sectarismo y fanatismo ideológico, las cuales, generalmente se autodenominan la “voz del pueblo” y su enemigo es una “élite burocrática y corrupta”.
De hecho, los autores ofrecen cuatro indicadores para analizar un comportamiento potencialmente autoritario, con patrones como por ejemplo: pretensiones de no acatar la constitución o adoptar medidas antidemocráticas, promover manifestaciones con uso de la violencia, describir a los opositores como rivales, criminales o subversivos que son peligrosos y descalificando su ejercicio político, hacer alianzas con organizaciones ilegales, defender procesos antidemocráticos en otros países, apoyar medidas de coerción a las libertades nacional o internacionalmente, atacar las criticas de la oposición o medios de comunicación, entre otros.
Mi mensaje de esta columna es que este 8 de marzo (elecciones de Congreso de la República) y 31 de mayo y 21 de junio (primera y segunda vuelta presidencial) los colombianos tenemos una cita con la democracia y es nuestra responsabilidad pensar en esos políticos y partidos que más allá que representen nuestros intereses personales, siempre tengan un límite claro de que el respeto por la Constitución y las instituciones democráticas es innegociable en nuestro país. Y, especialmente nos acordemos de esos congresistas y políticos que rechazan en algún grado las reglas de juego, que niegan la legitimidad de los adversarios, que fomentan la violencia y lenguaje político agresivo e intolerante y que están predispuestos a restringir libertades civiles por un “bien supremo”.
Esos mismos políticos que solo por el anhelo de poder van cambiando de colores cada periodo y que respaldan y/o son respaldados por personas cuestionables en el ámbito del sector público, político o social y que hacen alianzas solo por cálculo electoral. Si los partidos políticos no defienden nuestra democracia, cada uno de nosotros con el voto tiene el último poder para hacerlo.
27 Feb, 2026
Cómo mueren las democracias
Mi mensaje de esta columna es que este 8 de marzo (elecciones de Congreso de la República) y 31 de mayo y 21 de junio (primera y segunda vuelta presidencial).