Uno de los errores más comunes en la interpretación de las cifras económicas es omitir la lectura histórica y su estructura interna. El mejor ejemplo es el crecimiento económico, en el que la narrativa de los gobiernos y políticos de turno se vuelve simplista y conveniente. En efecto, la tasa de crecimiento de la economía colombiana fue positiva en el primer trimestre del 2026 con un valor del 2,2%, lo cual, significa que el sistema está generando riqueza para todos los colombianos.
Sin embargo, la historia que no se cuenta es que dicha tasa fue inferior al desempeño registrado en el mismo periodo del año anterior (2,5%) y, en lógica de cuatrienio de Gobierno, la administración Petro va a cerrar con el crecimiento económico agregado más bajo del siglo XXI. La realidad es que la tasa promedio de crecimiento anual de la economía con Petro apenas alcanza el 2,1%, comparado con más del 4% en Uribe, 3,8% en Santos (5,2% en Santos I y 2,4% en Santos II) y 3,4% en Duque, en el 2020 bajo el contexto de pandemia Covid-19 la economía decreció un -7,2%. Incluso, la tasa de crecimiento económico de Petro sería inferior al 2% promedio anual si tomáramos datos desde el 2023 en adelante.
En términos de estructura interna, en el primer trimestre del 2026 el componente de mayor crecimiento fue el gasto del consumo del gobierno, con una tasa del 7,8%, frente al 2,7% del consumo final de los hogares, el -3% en formación bruta de capital (3,7% de la formación bruta de capital fijo) y 3,5% de las exportaciones. Entre el 2023 y el 2026, mientras la economía global crece a una tasa promedio anual del 1,7%, la inversión decrece entre el -3% y -4% y el consumo del gobierno crece superior a todo el sistema. Lo anterior ha provocado que por primera vez en el siglo XXI la inversión privada represente menos del 16% del PIB del país, el gasto público crezca gradualmente en representación y el consumo de los hogares explique más del 70%.
Y, por el lado de la producción, en el primer trimestre del 2026 tuvimos sectores que empezaron el año con cifras negativas, por ejemplo construcción (-5,4%), agricultura y ganadería (-1,4%) y explotación minera (-0,1%), y otros por debajo del promedio nacional como fueron información y comunicaciones (1,3%) o actividades inmobiliarias (2%). Y, comportamientos atípicos como fue el caso del 8,2% de la administración pública.
Cuando a las cifras, como el crecimiento económico, se les da una prioridad de análisis en una lectura histórica y desde su estructura, se puede concluir con preocupación que el actual modelo económico de Colombia es insostenible en el mediano y largo plazo, específicamente porque las tasas actuales son muy bajas teniendo en cuenta que el país es una economía aún en proceso de desarrollo; es decir, debería estar creciendo a tasas mayores, con el agravante de una acelerada transición demográfica que tensiona la capacidad de expansión en productividad en el tiempo, y un sector público creciente que no es coherente con la viabilidad de las finanzas públicas del país.
Si Colombia no retoma prontamente un modelo de crecimiento basado en la inversión privada, desaprovechará una oportunidad única en el tiempo de extraer los mejores resultados de sus capacidades productivas, ya que, una economía soportada en el gasto público del Gobierno tiene una limitación sencilla: ese gasto depende de los ingresos de las personas en la sociedad, los cuales, se generan gracias a la inversión privada de las empresas de cualquier tamaño. Es una bomba de tiempo que todo gobierno populista decide no aceptar. Afortunadamente las leyes de funcionamiento del sistema económico siempre serán un golpe de realidad.
07 Jun, 2026
El modelo insostenible
El actual modelo económico de Colombia es insostenible en el mediano y largo plazo, específicamente porque las tasas actuales son muy bajas.