En esta época electoral y de encuestas sobre favorabilidad se ha consolidado un mensaje de que el presidente Petro tiene un piso político de aproximadamente 30%, que según analistas es transferible en las próximas elecciones para asegurar un puesto en la segunda vuelta presidencial en la cabeza de otro representando el continuismo del Gobierno. Con esta hipótesis, que se empieza a convertir en una narrativa oficial y ciudadana, siempre alguna persona afirma como algo increíble que después de cuatro años y con cientos de ejemplos de inoperancia, corrupción, escándalos y demás del presidente y sus funcionarios, Petro aún tenga un capital político que lo respalde.
Haciendo a un lado la explicación de una base política de izquierda y comunista del país, que existe y debemos respetar, he pensado en una respuesta objetiva a ese 30% que no implique pensar en una afiliación política o un simple fanatismo. Revisando estadísticas del país en mi labor y pasión como economista, encontré una posible razón: el débil tejido socioeconómico de Colombia.
Las cifras DANE 2024 describen un país con 16.2 millones de personas en condición de pobreza monetaria (11.2 millones habitando en las cabeceras municipales y 4.9 en los centros poblados y rural disperso), lo que representa un porcentaje de 31,8% de personas pobres, 28,9% en cabeceras y 42,5% en ruralidad. El desequilibrio regional es evidente: mientras en Manizales, Bogotá, Medellín, Cali y Pereira la clase social pobre representa menos del 25% de la población, en Florencia, Sincelejo, Valledupar, Riohacha y Quibdó supera el 43%. En contraparte existen 1.6 millones de personas consideradas en la clase social alta, siendo apenas el 3,3% de la población colombiana, y siendo aproximadamente el 10% en Bogotá, 7% en Medellín y 5% en Manizales con cerca de 21 mil personas.
Si tomamos como ejemplo a Manizales es posible estimar que la tasa de desempleo de los pobres estaría sobre el 28% (60% en pobres extremos), comparado con un 2% de la clase alta, y entre tanto el 9% de los pobres tendrías más de 14 años de educación, en la clase alta sería el 83%, donde más del 50% reporta un nivel de formación de posgrado, cifra inferior al 1% en los pobres. De hecho, entre la población ocupada, el 48% de los pobres son trabajadores cuenta propia frente al 22% de la clase alta. Y, al distinguir por grupos de edad, los menos favorecidos económicamente son más jóvenes y el tamaño del hogar es más amplio. En Manizales convivimos en el mismo espacio geográfico personas que mensualmente reciben menos de 250 mil pesos con otras que reciben más de 8 millones.
Así, el imaginario de un 30% de Petro es viable en un país fragmentado con una variedad de problemas estructurales en donde la realidad de generaciones es la imposibilidad de acceso a oportunidades y activos para saltar de clase social, atrapados en una trampa de la pobreza y la vulnerabilidad. Todas las intervenciones y mensajes de Petro van a esa población rezagada que para muchos se vuelve un paisaje de esa Colombia dual. Sí, el Gobierno Petro ha sido muy malo y su rol presidencial ha sido vergonzoso, pero entiendo que sus palabras y estrategia política van dirigidas desde la emoción hacia un público que representa y vive la enorme desigualdad en Colombia, que hasta con exageraciones, mentiras o distorsiones en sus mensajes le está hablando y extendiendo su molestia en voz ajena a más de una tercera parte de un país que apenas subsiste en mínimas condiciones de dignidad humana. Esa Colombia fracturada es su combustible.