Esta semana que comenzó debe ser decisiva en materia política, sobre todo para los llamados partidos tradicionales, el Conservador y el Liberal, y para todos aquellos que a menos de dos meses de la primera vuelta para la Presidencia de la República siguen sin definir, colectivamente, al candidato que van a respaldar en las urnas; como parte de una unidad que son, no cada quien por su lado.
Se convierte esto en una circunstancia que muy poco le está aportando a la vida política nacional, más bien sigue socavando las estructuras sobre las que están constituidos los partidos, que hoy se han convertido en colectividades de nombre; porque la esencia, la ideología y las convicciones las vienen debilitando y perdiendo y esto no debería ser permitido por el sistema político nacional.
Desde cuándo a un militante del Partido Conservador Colombiano se le deja respaldar con sus votos y abiertamente a un candidato de la izquierda, y a la vez seguirse llamando conservador y mantenerse afiliado a esta colectividad, como ya ha ocurrido y todo indica que algunos piensan volver a repetir en esta próxima elección presidencial. Hacerlo significa caer en doble militancia, que la Constitución Nacional no permite. El Consejo de Estado es claro cuando determina que con la prohibición de pertenecer simultáneamente a más de un partido, movimiento o grupo con personería jurídica se busca evitar “la deslealtad democrática y el transfuguismo, sancionando con nulidad electoral a quien apoye o sea candidato de otra colectividad sin renunciar 12 meses antes”. Más claro no puede ser. ¿Esto no es una manera de traición a los principios de los partidos?
Lo del conservatismo es un ejemplo, porque la implosión y el desorden de los partidos políticos, especialmente de los más tradicionales, es un hecho en Colombia y está lacerando la participación democrática y la confianza electoral. Por qué los directorios con sus líderes a nivel nacional no toman de una vez por todas cartas en este asunto y ponen orden a sus afiliados, llamándolos a que se mantengan en acatamiento a lo que se decida, de lo contrario habría que tomar medidas de expulsión, incluso iniciar demandas de las credenciales si son militantes que ocupan curules propias. Pero esto solamente se logrará, como lo hemos dicho, si hay posiciones definidas de partido y les hablan claramente a sus militantes sobre la línea que van a tener. De lo contrario no pueden esperar otra cosa distinta a la indisciplina y a la desobediencia.
Definitivamente estos no son tiempos para que en Colombia se den estas licencias y privilegios en los que cada quien va por su lado. Los partidos, todos, tradicionales y los más nuevos, deben tener la grandeza con el país y evitar como se debe que sus agrupaciones caigan en este tipo de juegos tan nocivos y poco éticos. Los partidos deben existir para unir ideologías, para aportar desde lo político a que las elecciones sean más diáfanas, no a oscurecer el panorama. Deben evitar que meses después de una elección haya arrepentimientos porque dejaron que parte de su gente eligiera, no lo que pensaba el partido y requería esta Nación y lo que se escuchan después son los lamentos, cuando ya no hay nada para hacer.
Editoriales
05 Abr, 2026
Volver a la disciplina de partidos
Lo del conservatismo es un ejemplo, porque la implosión y el desorden de los partidos políticos, especialmente de los más tradicionales.