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Por lo menos 200 muertos en Irán, 150 de ellos en una escuela de niñas, más el ayatolá Alí Jameneí, que era considerado un hombre sagrado para los musulmanes de ese territorio. La respuesta iraní dejó una decena de muertos en Israel, el ataque a cinco países del golfo pérsico y también la muerte de al menos tres militares estadounidenses. Y, lo peor, la zozobra en la que queda el mundo. Aunque no se pueden compartir los métodos represivos de la teocracia iraní, es posible que estos bombardeos apenas hayan echado sal en una herida que puede derivar en mayor inseguridad para occidente.
La arremetida coordinada de Israel y Estados Unidos contra Irán generó una reacción de llamado a la sensatez y respeto por las vidas de los civiles del secretario de la ONU y de países de la Unión Europea y de otras latitudes. La violencia del ataque rompió todos los cálculos de analistas que consideraban que si los había, los ataques serían como los del año pasado, avisados y controlados, pero fue todo lo contrario y una oportunidad de Israel para emprenderla con un arsenal poderoso contra su más acérrimo rival en la región y quien ha prometido borrar del mapa el estado sionista.
A diferencia de la toma de Venezuela y la captura de Maduro, en enero pasado, cuando se pensó que Estados Unidos había aprendido de los errores y que entendía la importancia de no acabar con el Gobierno en funciones, sino facilitar una transición armoniosa, para no repetir el fracaso de Iraq, aquí cambió el libreto e instó a los ciudadanos iraníes a tomar el poder, pero eso no resultará nada fácil. La guardia revolucionaria sigue en activo, igual que los fieles al régimen represor de Jameneí. Asesinar a una figura que representaba el poder de la fe musulmana puede no conseguir los resultados ambicionados por Israel y la potencia norteamericana.
Ya suficiente inestabilidad estaba creada en ese territorio, incluso con el conflicto que se desató entre Pakistán y el régimen talibán afgano en días pasados. Qué importante fuera que se encontraran soluciones concertadas con respeto por el derecho internacional y por la autodeterminación de los pueblos, para solucionar los conflictos en lugar de seguir sembrando odios y miedos. Esta escalada no puede traer nada bueno para los países involucrados ni para otros, como Ucrania, que espera negociar con Putin, pero ve que sus aliados también pueden resultar agresores de otros estados.
El mensaje es terrible y nos devuelve al peor colonialismo, cuando las potencias decidían el futuro de los invadidos. Pésimo mensaje en una época que se dice civilizada. Donald Trump decidió este ataque sin informar al Congreso y violando su promesa de no involucrar a su país en conflictos internacionales. Por eso, es posible que esta acción termine por pasarle factura en la política de cara a las elecciones de mitad de periodo en noviembre. Esta lección debe servirnos para entender que elegir un gobernante es una acción de responsabilidad y cuando ganan quienes no tienen la templanza requerida para gobernar, los efectos pueden ser nefastos.