Cuando empieza a faltar el agua es que se cae en la cuenta de que es un recurso que todos debemos proteger. Hoy se celebra el Día Internacional de la Acción por los Ríos, que tuvo como antecedente la reunión de entidades internacionales que en 1995 conformaron un comité organizador para lo que dos años después, en Curitiba (Brasil), se definiría por decisión de 20 países, entre ellos Colombia, la fecha para sensibilizar a la población sobre la importancia de los ríos, su gestión y conservación.
Se basaron en los problemas ambientales causados por grandes represas y aunque no en todo el país existen este tipo de infraestructuras, la conmemoración no debería pasar inadvertida, porque próximamente se le suma la celebración del Día Internacional del Agua el 22 de marzo. Cuidar la biodiversidad, las cuencas y los ecosistemas es una necesidad, y el agua es quizás el elemento más importante. Sin agua no habría vida en ninguna de las formas, así de sencilla es la ecuación.
Según un estudio de calidad del agua, publicado por el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), por lo menos 40% de las estaciones hídricas monitoreadas en el país presentan algún grado de contaminación, y aproximadamente 50% de las aguas residuales domésticas e industriales no reciben tratamiento adecuado. Ambas situaciones son muy graves, porque lo que está diciendo esto es que buena parte de los ríos y quebradas a nivel nacional están recibiendo cargas de diferentes fuentes debido a la falta de árboles y de cobertura vegetal apropiada que retengan el agua pura, de manera que le están restando calidad para el consumo humano y para procesos agropecuarios de los que depende en un ciento por ciento la seguridad alimentaria y la salud de las personas.
Estas limitaciones también se detectan en Caldas; no nos podemos sustraer de un problema como este, causado en su mayoría por la mano del hombre a través de nocivas prácticas, como cuando no se conservan los territorios a través de la siembra de árboles o cuando no se cuenta con plantas de tratamiento de aguas residuales que eliminan la posibilidad de que a las fuentes hídricas esté llegando una alta carga contaminante. Sino que se destruyen con usos de alto impacto como los asentamientos humanos cerca de las fuentes de agua, la producción industrial sin el cumplimiento de requisitos ambientales, cargas orgánicas, metales pesados o con actividades como la minería ilegal y la producción de drogas ilícitas que generan vertimientos dañinos.
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Si el ser humano no se hace consciente de que con sus acciones, así esté en las ciudades lejos de las fuentes de agua, puede estar aumentando la contaminación, el problema desbordará toda posibilidad de recuperación. Hay que volverse amigos de los árboles; cuidadores de las áreas verdes; evitar a toda costa arrojar indiscriminadamente a las alcantarillas sustancias como los aceites, de cocina y de vehículos, y otros productos que muy seguramente van a llegar a las quebradas y los ríos. El compromiso con la casa común tiene que ser de todos, para que la vida de los que la habitamos perdure.