Editoriales
07 Jun, 2026

No actuemos como hinchas en política

El llamado hoy es a cada uno de nosotros. Si los candidatos siguen con su incontinencia verbal para acusarse, para exacerbar los ánimos.

Ocho días después de las elecciones presidenciales de primera vuelta, que dejó para la recta final en dos semanas a los candidatos de polos ideológicos opuestos, Abelardo de la Espriella, a la derecha del espectro político, e Iván Cepeda, a la izquierda, resulta clave hacer un llamado a los potenciales electores para que sepamos entender la situación que vivimos con motivo de los resultados.
Votar informado es responsabilidad de cada uno y ahondar en las propuestas de los elegibles se hace necesario para no tomar una decisión tan importante por la sola emoción o porque simplemente creemos que esa persona a quien le depositamos la confianza de nuestro voto representa nuestra ideología.
El problema con ideologizar todo es que no nos deja ver más allá de lo obvio y entonces nuestra mente trabaja de la misma manera que lo hacen los bucles creados por los algoritmos de las redes sociales, en los que nuestros sesgos terminan por definir lo que consumimos y cierran la oportunidad a que seamos capaces de entender desde dónde habla ese otro que piensa tan distinto a nosotros.
Por situaciones como esta, hay un ejemplo que bien vale la pena analizar, el de Myanmar. A este país, que vivió el rigor de una dictadura durante años, y cuando salió de esta, las personas tuvieron la oportunidad de acceder a tecnologías como los teléfonos celulares y las compañías para hacerlos atractivos incluyeron gratis la aplicación de Facebook.
Entonces, ese país que tiene una minoría religiosa como los rohinyá, empezó a ver cómo los mensajes de odio contra esas personas lo amplificaban los algoritmos de la aplicación, de tal manera que se fue creciendo el discurso contra quienes formaban parte de esa comunidad y luego esto derivó en violencia que provocó el desplazamiento de unas 700 mil personas al vecino Bangladesh, todo, según Amnistía Internacional y otras entidades de derechos humanos, porque el algoritmo, de acuerdo con su programación no se percató de que eran mensajes que podían generar odio, sino que este solo veía cómo se aumentaba el consumo de la aplicación.
Sin ir muy lejos, si nosotros, los que supuestamente somos sapiens, no caemos en la cuenta de la necesidad de evitar nuestros sesgos cognitivos, de matizar nuestras opiniones, de percatarnos que podemos estar reaccionando con algo no racionalmente, sino motivados por nuestra supuesta ideología, pues no podremos acusar mañana a los bots o a la IA o a cualquiera otra razón tecnológica de nuestros desaciertos o de las violencias que puedan venir en un país como el nuestro que sabe bastante del dolor que causa.

Así que el llamado hoy es a cada uno de nosotros. Si los candidatos siguen con su incontinencia verbal para acusarse, para exacerbar los ánimos, nos corresponde entender que si pensamos distinto al otro, tenemos es que propiciar encuentros, porque al final, unos y otros queremos una Colombia mejor, sin violencia, con mayores oportunidades, donde podamos construir proyectos de vida. Está bien tener una concepción política y considerarse ideológicamente de aquí o allá, pero no actuemos como hinchas incapaces de ver los errores de nuestros candidatos. Ni echarle la culpa al árbitro, porque la responsabilidad es nuestra.