Terminada la primera fase de la campaña presidencial y ya con dos candidatos definidos para la segunda vuelta y en posturas ideológicas tan distintas, de derecha y de izquierda, se hace necesario llamar a las campañas a que durante estas tres semanas que siguen, hagan énfasis en los cómo. Hasta ahora las promesas y propuestas de campaña han quedado esbozadas en una especie de consignas, en el caso de Abelardo de la Espriella, y con una retórica discursiva en el de Iván Cepeda.
Sin embargo, el momento de país endeudado, con previsiones económicas complicadas, con retos de productividad serios, no solo por lo interno, sino por la situación global, obliga a que nos cuenten cómo van a lograr los resultados de todo eso que prometen. De dónde van a sacar los recursos, incluso quiénes serán sus alfiles para acompañarlos en el Gobierno, cuáles serán las primeras decisiones en temas de seguridad, de salud, de empleo formal, entre otros. Qué bueno fuera que salieran al debate en los medios de comunicación y no solo quedarse elevando discursos incendiarios en plazas públicas y las redes sociales.
Sería la mejor manera de enaltecer la campaña y el juego democrático, después de semanas de insultos, de evadir los debates, de concentrarse en las acusaciones y no en las ideas. Sin embargo, los dos discursos de anoche brindados por los candidatos a segunda vuelta estuvieron llenos de señalamientos personales, de acusaciones mutuas, de tratarse como delincuentes y eso nos preocupa, porque es una retórica incendiaria que puede terminar muy mal, exacerbar los ánimos, en un país que necesita encontrar diálogo entre los diferentes y no más violencia. Deberían recordar que esta campaña ya dejó un muerto, Miguel Uribe Turbay, que soñaba con hacerse contar ayer.
Los más de 10 millones de votos de Abelardo de la Espriella expresan un país cansado con un Gobierno que ideologizó todo, y que no abrió espacio para quienes pensaban diferente. Allí llegaron muchos de los electores de Paloma Valencia en la Gran Consulta por Colombia. Por eso, el ahora líder de las votaciones debe comprender lo mismo, que un eventual gobierno suyo debe incluir a quienes piensan distinto. A su turno, es evidente que la campaña de Cepeda en plaza pública, y a escondidas de los medios, le funcionó hasta ahora, pero tendrá que entender que hay un país que no comparte las políticas de este Gobierno, del que es parte importante, sobre todo, en el manejo de la tal paz total.
Tenemos que recordar que quien llegue a la Presidencia de la República no lo será para una facción ideológica, sino para todos los colombianos y que deberá priorizar decisiones para ayudar a las personas más vulnerables, a los micro y pequeños empresarios, a quienes están amenazados por la delincuencia. Para lograrlo, tendrá, quien gane, encontrar los vasos comunicantes para hablar con la otra Colombia, la que pierda. Solo podemos construir país si nos encontramos en las diferencias, porque la imposición abrirá más heridas. Y el país necesita es soluciones, de lo que tanto hablan los candidatos, pero que lejos están de mostrarnos cómo lo harán y tiene que ser con la gran mayoría de colombianos, sin importar las ideologías.
Editoriales
01 Jun, 2026
Hora de decir cómo y dejar los ataques personales
Los dos discursos de anoche brindados por los candidatos a segunda vuelta estuvieron llenos de señalamientos personales, de acusaciones mutuas de trat