Editoriales
16 Abr, 2026

El mal momento con Ecuador

Colombia no debería considerar agotadas las labores diplomáticas, porque la situación va más allá de la estabilidad exportadora y de las relaciones.

El deber de Colombia es seguir insistiendo por vías diplomáticas y a través de medios que permitan que desde sectores gremiales, como sucedió con Estados Unidos, se recupere la sólida relación comercial que ha tenido históricamente el país con Ecuador. Los motivos son tan trascendentales para la economía nacional como que Ecuador es el tercer destino de exportación de Colombia en América Latina. Solamente en el 2025, las exportaciones de Colombia al vecino país fueron de 1.846,7 millones de dólares, frente a unas importaciones procedentes de ese país que llegaron a 830,1 millones de acuerdo con los datos suministrados por la Asociación Nacional de Comercio Exterior (Analdex).
De continuar con el alza mutua de aranceles se pondría en riesgo a alrededor de 2 mil 800 empresas exportadoras colombianas, muy seguramente algunas en Caldas, que tendrían que empezar a hacer malabares comerciales para mantenerse con sus ventas en Ecuador, puesto que hay otros países que tienen allí cero aranceles y eso frena la posibilidad de que las empresas colombianas compitan en iguales condiciones. Por lógica del mercado los consumidores ecuatorianos buscarán productos de menos precio procedentes de esos otros países.
La crisis arancelaria comenzó a principios de este 2026 con la decisión del presidente de Ecuador, Daniel Noboa, de imponer el 30% de la “tasa de seguridad” a partir del 1 de febrero, que luego subió al 50% desde el 1 de marzo y ahora la imposición de aumentarla al 100% desde el 1 de mayo. En respuesta, Colombia también elevaría del 30% al 100% los aranceles a las importaciones ecuatorianas, que fue el anuncio del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo; sin embargo, el presidente, Gustavo Petro, en contravía aseguró que no impondrá este porcentaje. La tasa de seguridad es un arancel o impuesto adicional a los productos que llegan de Colombia. Noboa asegura que financiará los costos de la guerra contra el narcotráfico y el crimen organizado, buscando mejorar la seguridad fronteriza por la falta de cooperación del Gobierno Petro en esta zona.
Colombia no debería considerar agotadas las labores diplomáticas, porque la situación va más allá de la estabilidad exportadora y de las relaciones comerciales, toca directamente la generación de empleo, en su mayoría formal, que pronto puede ir desapareciendo. Expertos señalan que industrias colombianas, en su mayoría pequeñas y medianas, dedicadas a producir medicamentos, partes de automóviles, alimentos, aseo y productos agroindustriales serán las que primero se afecten. La noticia, para las empresas caldenses, llega en un momento de perspectivas económicas moderadas, según la Encuesta de Ritmo Empresarial (ERE) realizada por la Cámara de Comercio de Manizales por Caldas, que deja ver exportaciones marginales, expectativas de empleo conservadoras, regulares ventas y efectos negativos por el aumento salarial.

Este tema de los aranceles se originó en un problema político entre ambos presidentes. Noboa insiste en que no hay posibilidad de arreglo antes del 7 de agosto, cuando termina el periodo de Petro, por ello a las empresas no les queda más que ser lo suficientemente dinámicas optando por figuras como la renegociación de condiciones con los pares ecuatorianos o diversificar mercados con otros países como posibilidad de seguir exportando.