Obligados a parar la violencia ligada al fútbol
Los clubes que operan los estadios o son sus dueños no pueden dejar que se sigan contando muertos y heridos mientras incumplen las normas nacionales.
No tienen razón de ser las batallas campales entre barras de los equipos por un partido de fútbol, y menos si terminan con heridos, muertos y daños a infraestructuras y bienes; no obstante, siguen ocurriendo en los estadios de Colombia, y se tomaron ya las calles de las ciudades y las carreteras. ¿Por qué nadie es capaz de controlar esto? Acaso es que no se quieren hacer las inversiones suficientes para no seguir lamentando la pérdida de hijos y de familiares en estos hechos, sin que ninguna autoridad haga valer las normas.
En Manizales se registró el 28 de marzo pasado en el barrio El Bosque el asesinato de Emanuel Rudas Valencia, de la barra Brigada Once, caso por el que fue detenido un miembro de la barra Holocausto Norte señalado de atacarlo con un cuchillo. La Policía reportó que esto se habría generado por el robo de un “trapo” el año pasado. Y esto no paró ahí. Un barrista de Brigada terminó herido con arma traumática en una pierna cuando el sepelio de Emanuel cruzaba por la sede de la Fundación Voces de Aliento, de Holocausto, a un costado del estadio Palogrande, donde se dio un cruce entre las dos barras, y alguien de Holocausto disparó el arma.
Ni el pacto de no agresión entre estas barras del Once, al que convocó la Secretaría del Interior Municipal y que debería haber sido asumido como un compromiso extensivo hacia las del resto del país, no funcionó en el clásico Deportivo Pereira y Once Caldas, que se tuvo que realizar en el estadio de Yopal (Casanare) el pasado viernes y terminó con cinco heridos por enfrentamientos entre los barristas de ambos equipos. Imágenes muestran hinchas armados en las gradas, lo que obligó a detener el partido para que las autoridades pudieran contener la gresca.
Los clubes que operan los estadios o son sus dueños no pueden dejar que se sigan contando muertos y heridos mientras incumplen las normas nacionales en cuanto a la aplicación de la biometría, las cámaras de seguridad y otros dispositivos para que los organismos de seguridad identifiquen a los violentos. El año pasado la exsecretaria del Interior de Manizales cuestionó al Once Caldas porque el sistema de boletería seguía siendo obsoleto y cavernícola, ya que ni siquiera permite identificar con la cédula a los aficionados si es que hay que sancionarlos. De esto se habla desde hace 16 años en el país, cuando se expidió el Plan Decenal de Fútbol, pero que sigue siendo letra muerta porque ni la Dimayor ni los clubes ni las alcaldías ni el Gobierno Nacional acatan lo que ordena.
Asistir a fútbol no puede seguir siendo una actividad de alto riesgo, tampoco afectar a quienes viven en los alrededores de los estadios porque cada que hay un partido quedan confinados por temor a los barristas. Los que tienen que ver con el fútbol en el país tienen que dotar los estadios y las zonas aledañas de tecnología para identificar a quienes insisten en actuar de manera violenta y con estas pruebas sancionarlos, además de redoblar la seguridad para el ingreso a los partidos. No más violencia en el fútbol.