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El más reciente Índice Chapultepec, que desde hace seis años elabora la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y que se presentó el martes pasado, vuelve a encender las alarmas sobre cómo se deteriora de manera sostenida la libertad de prensa en las Américas. Lo que debería ser un derecho garantizado se convierte, cada vez más, en un terreno minado para los periodistas y para la ciudadanía que pierde oportunidades para estar mejor informada. Desde que se hace esta medición, el promedio global alcanzó su nivel más bajo, de apenas 47,13 puntos sobre un máximo de 100, reportó la organización.
Uno de los datos más sorprendentes es la abrupta caída de Estados Unidos en el ranking, que se ubicó en el undécimo lugar, uno por encima de Colombia. El país que históricamente se presentaba como referente de libertades muestra un retroceso que evidencia que ninguna democracia está blindada frente a la erosión de la prensa libre y que precisamente por eso no se puede tomar como un derecho que ya se puede dar por sentado.
En el extremo inferior del índice permanecen, sin sorpresa, Cuba, Venezuela y Nicaragua. A ellos se suma El Salvador, confirmando que la censura no responde a ideologías, sino a la lógica del autoritarismo. Allí donde el poder se concentra y se rehúye al escrutinio, la prensa es la primera víctima, mientras que la mejor calificación es para República Dominicana, la única nación por encima del 80%.
Colombia, por su parte, no logra salir del grupo de países con restricción. La persistencia de amenazas, presiones y limitaciones a la labor periodística demuestra que aún falta un compromiso real para garantizar que los periodistas puedan ejercer sin miedo ni condicionamientos, que mantiene como en la mayoría de nuestros países con presiones políticas, violencia, acoso judicial y crecientes riesgos para el ejercicio del periodismo, a lo que se suma, para agravar la situación, la creciente presencia de desiertos informativos.
En medio de la campaña presidencial en nuestro país, este índice debería ser un insumo para los votantes. Es necesario observar qué candidatos están dispuestos a responder preguntas incómodas, a respetar la labor de los periodistas y a defender la libertad de prensa de todos, no solo de quienes les hacen eco. La democracia se mide también en la capacidad de sus líderes para convivir con la crítica.
El Índice Chapultepec es un espejo que refleja la mala salud de nuestras democracias. Ignorarlo sería aceptar que la censura y la intimidación se normalicen. Además, es evidente, advierte el informe, que cada vez se dan más sutiles maneras de censura como la asfixia económica a los medios críticos. Defender el derecho de la sociedad a estar informada y a decidir con conocimiento es, en última instancia, la esencia de la democracia.


El buen periodismo florece en lugares donde la libertad de prensa es posible, y esta no se da cuando se cuenta con líderes que no entregan información, que prefieren callar ante las preguntas de los periodistas o que en sus declaraciones atacan cada que pueden al periodismo crítico. No demos por sentado este derecho, porque falta mucho para consolidarlo y, en cambio, perderlo se da en apenas unos días. Para la muestra Venezuela o la Alemania de Hitler.