Editoriales
25 Abr, 2026

Democracia, en riesgo

Lo que deberían estar escudriñando los candidatos presidenciales en Colombia para terminar de construir sus propuestas de campaña.

¿Qué proponen los candidatos a la Presidencia para que Colombia se acerque, así sea un poco, a las condiciones de Noruega, la democracia más sólida del mundo? El Índice de Democracia 2025, realizado por analistas de la Unidad de Negocios de la revista británica The Economist, ratificó que este país escandinavo se mantiene desde hace 15 años en el primer lugar sin ser una potencia económica ni militar. Lo que ofrece es una elevada participación ciudadana, libertades civiles amplias, transparencia gubernamental, confianza social y baja desigualdad económica.
Lamentablemente esta medición global mostró que la democracia colombiana está en declive. Mientras que en el 2024 estaba en el lugar 60, en el 2025 se desplomó al puesto 73 entre 200 países evaluados. Agrega que el país lleva dos años retrocediendo en esa clasificación, a pesar de que el Índice mundial subió 0,02 puntos porque casi 75% de los países mejoraron o mantuvieron su puntuación democrática. Habrá que revisar la evaluación en cinco categorías fundamentales: proceso electoral y pluralismo, funcionamiento del gobierno, participación política, cultura política y libertades civiles. Que dejó a Colombia con una democracia defectuosa, con fallas, muy cerca de sistemas autoritarios.
Para entender mejor solo es ubicar la posición de Estados Unidos, que cayó seis lugares y quedó en el puesto 34 a nivel global, y que a criterio de los analistas significa que también tiene una democracia defectuosa, comparada con la mayoría de países que lograron estabilizarse. Estos resultados coinciden con la llegada de Donald Trump para su segundo periodo presidencial en enero del 2025 y sus impositivas medidas arancelarias, su política migratoria marcada por la persecución y expulsión a grupos étnicos y raciales, la inadecuada política exterior, entre otras medidas autoritarias que solo ha podido contener la institucionalidad existente.
Lo que deberían estar escudriñando los candidatos presidenciales en Colombia para terminar de construir sus propuestas de campaña es que lo que hemos perdido en democracia en los dos últimos años es mucho y se debe esencialmente al aumento de la violencia política en el país. Está representado en casos del año pasado como el magnicidio de Miguel Uribe Turbay, el intento de asesinato de 35 políticos y la muerte de 26 como reportó la Misión de Observación Electoral. Según la ONU, solo entre 2022 y 2025 fueron asesinados 410 defensores de derechos humanos. Todo esto sumado al aumento de la violencia en los territorios por cuenta de actores ilegales armados que operan tranquilamente y se han extendido por casi toda la nación reflejando la vulnerabilidad de nuestras libertades.

La responsabilidad recae en la incapacidad que ha tenido el Estado para garantizar el ejercicio pleno de los derechos fundamentales y un Gobierno nacional que se ha concentrado más en dividir que en consensuar con el resto de instituciones y poderes públicos para equilibrar el ejercicio del poder, sin concentraciones de presidencialismo a través del ataque a las libertades civiles, como ha ocurrido con la justicia, la prensa y el periodismo por ejemplo. Todo esto ha puesto al país en una situación de fragilidad, porque en contextos de autoritarismo se hace más difícil garantizar cualquier derecho básico, principio de las democracias más sanas.