La operación militar especial, eufemismo creado por el Kremlin para referirse a lo que no es nada distinto a una invasión de territorio extranjero cumple cuatro años y pocas esperanzas de que se termine pronto. A pesar de la tercera ronda de negociaciones en Ginebra, que concluyó sin avances mayores al intercambio de prisioneros, a pesar de la presión de Donald Trump, quien había prometido en campaña que resolvería ese conflicto en 24 horas. Sin embargo, los muertos se siguen sumando, mientras Vladimir Putin juega fuerte con el ataque permanente a infraestructura energética ucraniana y contra la población civil.
Lo que debió ser, según los cálculos rusos, una operación de semanas en el peor de los casos, completa cuatro años y aunque es evidente que la milicia rusa ha tenido avances evidentes y crece su capacidad de fabricación de armamento para seguir golpeando a Kiev, lo cierto es que está muy lejos de conseguir una victoria definitiva. Expertos consideran que para lograrla requeriría todavía de mínimo un año, que podría prolongarse a dos. Esto a pesar del desbalance de la fuerza, pues Ucrania depende en buena parte del apoyo internacional para cumplir con su defensa.
Ambos ejércitos han acudido a mercenarios, entre los que se encuentran colombianos, algunos de ellos fallecidos en combate y no lo suficientemente respaldados por nuestro país cuando se han denunciado atropellos y la falta de cumplimiento de las promesas que les hicieron para reclutarlos. La invasión rusa en Ucrania tiene efectos en muchos territorios, en la propia Europa que ha decidido incrementar su inversión en defensa y en energía; en la OTAN; en Estados Unidos, donde no se entiende muy bien por qué la desazón de Trump con Zelenzki, cuando es Rusia el agresor. Y, por supuesto, en el resto del mundo que teme que si se cede a Rusia territorio ucraniano, aumenten las posibilidades de que otros estados decidan invadir territorios que consideren como propios.
A pesar de la falta de transparencia en las cifras que ha dejado esta guerra, los estudiosos resumen sus cálculos en un millón de soldados rusos muertos o heridos, mientras los ucranianos podrían ser la mitad, lo que ya es una desgracia para cualquier Estado. En ambos bandos hay una moral baja por la extensión de esta guerra. Es indudable que es un pedido razonable de Ucrania buscar el compromiso de garantías de seguridad para el futuro, si se llega a un acuerdo negociado, para que no se repita el incumplimiento de Rusia frente a la apropiación de Crimea en el 2014.
De ahí que resulte tan paradójico que Trump presione tanto a Zelenski y que en sus escarceos diplomáticos legitime la acción de Putin, como si no entendiera que hay un estado invasor, que ha dejado consecuencias gravísimas para el estado invadido y que en cualquier caso debe haber compensaciones por su acción agresora. Esperamos que los documentos Epstein, de quien ya se sabe que era mucho más que un traficante sexual, en los que se menciona a Rusia unas 5.800 veces no tenga nada que ver con la posición de la Casa Blanca. La guerra continúa y Europa se juega su futuro apoyando a Ucrania, ojalá sea suficiente sin el respaldo de Estados Unidos.
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