De la misma forma como un gato evita el agua, la gente evita reconocer que no todo lo que parece arte, lo es, y que no todo lo que parece vandalismo, es legítima protesta. El problema es que nadie nos enseñó sobre esto, y ahora estamos criando hijos que confunden una pared destrozada con el Louvre.
Permítame exponer mi reputación para hablar sobre este tema; el arte pide permiso y el vandalismo no; es muy claro que el muralista Diego Rivera pintaba paredes y que también lo hacen los gamberros del barrio. La diferencia no está en el pincel ni en el talento, está en si alguien abrió una puerta o si la reventaron a patadas.
Cuéntele a su hijo que el arte nace de un acuerdo entre el artista y quien recibe la obra; una galería, un comitente, una comunidad que invitó al muralista, y que cuando ese acuerdo no existe, lo que queda es distinto a la expresión artística; es una factura que paga otro, es el acto de hostigamiento y de imposición, es el daño al patrimonio y al bien público.
También hay que enseñar a los niños que el arte crea mientras el vandalismo destruye; lleve a su hijo a ver un grafiti hermoso en una pared autorizada y luego muéstrele el mismo tipo de marca en la fachada de la casa del vecino. Pregúntele cuál le parece bien y cuál no y verá como el niño lo sabrá instintivamente porque el buen gusto reafirma los derechos fundamentales.
El arte genuino añade algo al mundo -belleza, provocación, reflexión, un poco de escándalo bien administrado-, pero el vandalismo le quita algo a alguien: dinero, tranquilidad, dignidad. Por eso, un niño que entiende esta diferencia tiene más criterio estético que muchos críticos de arte que conozco, que desde los micrófonos parecen estar interesados en incendiar el país en nombre de las libertades “artísticas”.
De este modo, hable con su hijo de contexto y consecuencias, explicándole por qué está mal cuando alguien pinta sin permiso el bus que lleva a la abuela al médico. La razón principal es que el dueño del bus paga la multa. Cuando rayan la tienda del vecino, alguien madruga a limpiar lo que no ensució. Pero el arte no genera esas facturas, el arte, en todo caso, las paga con belleza y asume la deuda del déficit moral de la sociedad.
Y si su hijo le dice que “el sistema” no deja expresarse, recuérdele que Frida Kahlo pintó con fiebre encima de una cama, que García Márquez escribió en cuartos prestados, y que ninguno necesitó arruinar la propiedad ajena para encontrar su obra.
La última lección, y la más importante es ¿quién lo autorizó? ¿A quién le pertenece ese espacio? ¿Qué deja esta obra en el mundo? Un hijo que pregunta eso antes de actuar ya tiene más sabiduría artística de la que yo tuve a los cuarenta años, y eso es una conquista generacional incalculable que las nuevas generaciones nos agradecerán.
07 Jun, 2026
Enseñar arte
También hay que enseñar a los niños que el arte crea mientras el vandalismo destruye; lleve a su hijo a ver un grafiti hermoso en una pared autorizada y luego muéstr