28 May, 2026

Una encíclica para el amor y la vida

El papa exhibe su vocación y su sentido profundamente social y humano, muy seguramente cultivados a lo largo de su vida.

Los humanistas del mundo entero, católico y no católico, estamos celebrando la primera encíclica del papa León XIV, titulada Magnifica Humanitas -Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial- suscrita el 15 de mayo y con la que además celebró los 135 años de la histórica encíclica Rerum novarum -De las cosas nuevas- escrita por el papa León XIII, considerada piedra angular de la doctrina social de la Iglesia. Aunque no he completado su lectura, pues es un texto que debe disfrutarse párrafo por párrafo, me atrevo a decir que estamos frente a un texto y a un hecho que pasarán a la historia, entre muchas otras razones por confrontar la ideología deshumanizante que se ha construido alrededor de la inteligencia artificial.

Magnífica Humanitas interpela a científicos, políticos, académicos, empresarios y a todos y cada uno, a tomar en serio la dignidad de todos. Desde las Ciencias Sociales, la Filosofía y la Psicología, se viene abogando desde hace tiempo por la profundización de la conciencia de humanidad, en contraste con el tribalismo, sectarismo y egoísmo que se han exacerbado en esta era digital y en buena hora esta encíclica valiente, pertinente y sobre todo, oportuna, la presenta desde la perspectiva espiritual con la lucidez y claridad propias de una auténtica autoridad moral.

Es demasiado clara, contundente y a la vez, suave y pacífica la manera en que el papa León XIV desafía y confronta al nuevo orden que se está configurando a partir del impresionante desarrollo de la inteligencia artificial, poniendo de presente que es una potente innovación, pero alertando acerca de los riesgos asociados a dicho desarrollo que, de no regularse, puede generar graves efectos en las democracias, en la economía, en el medio ambiente, en el mundo laboral, en la educación.

El papa exhibe su vocación y su sentido profundamente social y humano, muy seguramente cultivados a lo largo de su vida y muy especialmente en el largo tiempo que compartió con campesinos pobres en las selvas del Perú. La encíclica aborda de manera magistral el tema de la desigualdad desde varias perspectivas y muy especialmente cuando señala que “las injusticias no nacen solo de decisiones equivocadas de los individuos, sino también de estructuras, mecanismos, sistemas económicos y culturales que producen desigualdad casi automáticamente” ante lo cual invita a “recomponer los vínculos rotos y a reintegrar al que ha sido excluido” lo cual “puede significar restituir dignidad y voz a quienes han sido ignorados, favorecer procesos de sanación de memoria colectiva…”.

Una tremenda reflexión se propone en la encíclica acerca de la cultura del poder que se está instalando en el mundo, y en relación con ésta, las nuevas formas de colonialismo y de esclavitud y la reconfiguración de las guerras. Y justamente en este contexto, presenta el papa León XIV su mirada de esperanza en “una gran parte de la humanidad que trata de seguir siendo humana y de esforzarse por construir la ciudad de la convivencia y la paz… Es a este horizonte de compromiso, a esta obra de esperanza, al que damos el nombre de Civilización del Amor”.

El texto llega para incomodar a muchos e iluminar a muchísimos más. Muy seguramente será leída desde perspectivas políticas o económicas que intentarán desvirtuarla, a la encíclica o a su autor, pero creo que todo será resuelto por la historia, en la que muy seguramente tiene asegurado su merecido lugar.