14 May, 2026

Diálogos improbables y necesarios

Estoy convencido de que a los grandes problemas del país les sienta bien una solución planteada a partir de la concurrencia de diferentes puntos de vista.

Como suele suceder, mientras se acerca el día de las elecciones se va elevando el tono de los discursos de los candidatos y a la par, lamentablemente se están incrementando los actos de violencia contra la población. La relación e influencia de la campaña política sobre la vida nacional es evidente.

La primera determina buena parte de los contenidos de los medios de comunicación, la actividad del Congreso de la República, de la plaza pública, las dinámicas sociales, laborales, y en mayor o menor medida hasta las dinámicas personales y familiares; espacios en los que, con mucha frecuencia, cuando concurren miembros de orillas contrarias, se opta por el veto a las conversaciones sobre política o religión. Es decir, nos cuesta abrir y sostener conversaciones entre contrarios en el nivel doméstico. Y si eso sucede en este nivel, pues la posibilidad de que suceda en un nivel más alto es prácticamente nula.

Personalmente creo que tan importante es quien gane las elecciones, como quien las pierde. Un recorrido rápido por el pasado reciente nos da cuenta de perdedores que se dedicaron a menoscabar el ejercicio de quien fuera democráticamente elegido. Perdedores que hacen todo para que a quien gobierna le vaya mal, aunque como producto de sus actuaciones, al país le vaya peor.

Si comparten mi idea (aunque a esta altura de la campaña es escaso que alguien conciba una idea diferente al inmenso deseo de que gane su candidato y el miedo a que gane el contrario) creo que deberíamos cuestionarnos y considerar movernos para intentar aportar en la generación de un cambio social.

Los cambios a pequeña escala no necesariamente producen grandes transformaciones sociales. Pero muchas de las grandes transformaciones sociales partieron del impulso de pequeños cambios en el nivel local.

Entonces cuestionarnos acerca de la validez de la verdad de cada uno y la posibilidad de que existan otras verdades igualmente válidas, es un buen punto de partida. Por lo menos dispone al individuo a escuchar con curiosidad o empatía a quien piensa diferente, no para que el uno o el otro cambien de postura o de convicciones, sino que puede ser simplemente para enterarse, y sobre todo aceptar, que existe una manera diferente de ver una realidad determinada.

Estoy convencido de que a los grandes problemas del país les sienta bien una solución planteada a partir de la concurrencia de diferentes puntos de vista. Pero la construcción de este tipo de soluciones está bastante lejos mientras seamos incapaces de conversar entre diferentes.

También estoy convencido de que la mayoría de los candidatos tienen las mejores intenciones y comparten buena parte del diagnóstico de los grandes males que afectan al país. Las soluciones que plantea cada uno se corresponden con su visión de mundo o con el modelo que le han propuesto al país, y muchas de ellas resultan incompatibles entre sí; es decir, no es posible armar una solución que contenga dos propuestas de candidatos. Pero por lo menos conversar sensatamente e identificar dicha distancia insalvable en las visiones y posturas, no necesariamente debe fundamentarse en la descalificación o cancelación del otro.

Pero insisto, no podemos esperar que entre candidatos existan conversaciones productivas y constructivas que le aporten al país, si a nivel doméstico somos incapaces de hacerlo. En campaña, parece imposible que suceda. Ojalá las opciones mejoren al cabo de la misma, lo cual depende de la grandeza e inteligencia de ganadores y perdedores.