En la fórmula para desarrollar una sociedad hay un ingrediente probado: invertir en investigación y desarrollo (I+D). En pleno apogeo de la Cuarta Revolución Industrial, concepto acuñado por el Foro Económico Mundial en el 2016 para describir la integración de tecnologías como la inteligencia artificial, el internet de las cosas, el análisis de datos o la robótica, los países que van a la vanguardia son los que convierten conocimiento en productividad.
La evidencia es clara. De acuerdo con la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, por cada dólar invertido en I+D se generan al menos cuatro en beneficios para la sociedad. Aun así, en Colombia y en Caldas seguimos viendo pasar el tren de la innovación, con el agravante de que cada vez toma más velocidad.
Según un análisis reciente de la Universidad de los Andes, el país invierte apenas el 0,21% de su Producto Interno Bruto (PIB) en I+D, muy lejos del promedio de los 38 países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que se ubica en 2,71%. No se trata de una brecha menor: es la diferencia entre participar en las grandes ligas o quedarse como espectador.
Lo más preocupante es que la tendencia no mejora, pues pese a las promesas de campaña, la administración Petro redujo los recursos destinados a I+D. Las partidas destinadas al Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación son elocuentes: apenas el 0,08% y el 0,06% del Presupuesto General de la Nación (PGN) para el 2025 y el 2026, respectivamente. Muy lejos del 0,33% que se asignaba en el 2011 y el 2012, evidencia de que en lugar de cerrar la brecha, la estamos ampliando.
En Caldas la situación no es mejor, ocupa la novena posición en el Índice Departamental para Innovación de Colombia (IDIC), los limitados recursos de la Gobernación no han tenido en la I+D una prioridad y proyectos como el Parque Tecnológico de Villamaría, cuya infraestructura construida en el 2022 sigue sin cumplir su propósito, ilustra mejor que cualquier discurso la dificultad para convertir las ideas en ejecución. Sin articulación real entre gobierno, academia y sector privado, el desarrollo se queda en intenciones.
Se han dado avances, como la creación de la Facultad de Inteligencia Artificial de la Universidad de Caldas. Pero aún estamos lejos de consolidar a Manizales y su Área Metropolitana como un verdadero epicentro de desarrollo digital. Así lo prometieron en mayo del 2024 el primer mandatario Gustavo Petro y el entonces ministro TIC, hoy candidato presidencial, Mauricio Lizcano.
“Si yo coloco en Manizales la Facultad de Inteligencia Artificial y la fábrica de microprocesadores, tendremos una ciudad con conocimientos de avanzada”, dijo el presidente. Lo primero empezó a materializarse, lo segundo sigue en el terreno de los estudios preliminares y los anuncios, reciclados ahora en campaña.
Colombia no está perdiendo el tren del futuro por falta de diagnósticos. Lo está perdiendo por falta de decisión y de priorizar lo que genera mayor impacto en la calidad de vida en el mediano y largo plazo. Mientras eso no cambie, hablar de innovación seguirá siendo más un discurso que una política real.
03 May, 2026
Sin I+D no hay futuro
Los limitados recursos de la Gobernación no han tenido en la I+D una prioridad y proyectos como el Parque Tecnológico de Villamaría.