Opinión
16 Abr, 2026

Un reporte que pagaremos todos

Al ser considerados como un país con más riesgos, el bolsillo de todos los colombianos puede verse afectado.

Mientras buena parte del país económico seguía con interés y evidente preocupación los más recientes embates del Gobierno nacional contra la independencia del Banco de la República, la calificadora de riesgo Standard & Poor’s (S&P) redujo la calificación soberana de Colombia a BB- desde BB. Lo que nos está diciendo la calificadora es que nuestro país es un deudor con mayor riesgo de incumplimiento en el pago de sus obligaciones. En términos prácticos, es como cuando un ciudadano aparece con un mal reporte en una central de riesgo como Datacrédito. Lo más preocupante es que, si ya teníamos un mal “puntaje” (BB), ahora este se ha empeorado (BB-). La degradación de nuestra calificación en Standard & Poor’s se inició el 19 de mayo de 2021, en un contexto de pospandemia y estallido social. Ese año, las tres principales calificadoras del mundo (además de S&P, Fitch y Moody’s) le retiraron al país el grado de inversión obtenido en el 2011, con lo que nuestra economía salió de las grandes ligas globales. Desde ese momento, S&P ha recortado en cuatro ocasiones la calificación de Colombia y cada escalón hacia abajo representa un peor puntaje ante los mercados internacionales. En seis años pasamos de BBB a BB-, y el asunto no se queda en un par de letras y un signo menos: la realidad es que, al ser considerados como un país con más riesgos, el bolsillo de todos los colombianos puede verse afectado. Al tener que destinar más recursos al pago de la deuda, se recortan presupuestos para inversiones estatales en otros rubros, como programas sociales o infraestructura, por mencionar solo dos ejemplos. Al percibir mayor incertidumbre, tienden a aumentar las tasas de interés para créditos hipotecarios y de consumo, mientras que los inversionistas extranjeros reducen su apetito por Colombia, con la consecuente afectación al dinamismo de la economía y la generación de empleo. Cuando se revisan las razones para esta calificación de BB-, la más baja desde 1993, también saltan las alarmas. Lo que está viendo S&P es algo que muchos analistas ya habían advertido: en Colombia se está gestando un complejo escenario fiscal, entre otras razones, porque “las expectativas de inflación han aumentado, el déficit de la cuenta corriente se ha ampliado y la deuda externa ha crecido”, como indica la calificadora en su informe. Aunque cueste entender el lenguaje técnico tan normalizado en la economía, lo que nos está diciendo S&P es que el país está gastando más recursos de los que ingresa. Si bien es cierto que medidas como el incremento del salario mínimo por encima del 23% generan un mayor consumo en el corto plazo, a mediano y largo plazo resultan preocupantes porque presionan alzas en los precios al consumidor. El déficit en cuenta corriente refleja que el país está demandando más divisas de las que genera, debido a mayores importaciones de bienes y servicios frente a sus exportaciones, así como otros flujos externos. Una alta factura que pagamos y pagaremos todos, así desde el oficialismo, con el presidente de la República a la cabeza, insistan en que las finanzas públicas van bien y que los posibles desbarajustes son responsabilidad de otros.