Oyendo las propuestas de los candidatos que aspiran a asumir la vocería de nosotros el próximo domingo, noté una ausencia que me llamó mucho la atención. Todos ellos, con una sola excepción, no creyeron conveniente en sus exordios de lo que iban a hacer si eran electos incluir el tema patrimonial.

La excepción, el representante, ahora aspirante a una curul en el Senado, no habló propiamente del problema, el cual para Caldas es de importancia; confesó más bien que todo lo de cultura le había salido mal debido a los constantes cambios de ministro hechos por el presidente a lo largo de sus cuatro años de Gobierno.

Tuve un mal despertar porque creía que habíamos logrado en los últimos 15 años posicionar ese tema. Tantos libros publicados, documentales realizados, conferencias dictadas, y hay inclusive una asociación fuera de dos carreras universitarias muy ligadas al tema. Todo ese esfuerzo no llegó a la conciencia de nuestros promitentes legisladores. Oí a uno que hablaba de turismo, pero no tuvo la coherencia de hablar de las casas en bahareque y al propietario que hay que proteger.

Sigo sin entender por qué el tema alrededor del patrimonio afecta a todo el departamento; la legislación vetusta que rige ese tema está más que urgida en ser revisada y ajustada y de esa manera fundamentar una nueva relación con esos vestigios de otra época. Todos nuestros municipios, con muy pocas excepciones, acusan esa necesidad, pero no hubo quien se apersonara del tema. No quiero criticar a los candidatos, solo constato un fenómeno.

Si se me pide una explicación para entender ese fenómeno, tendría varias respuestas. La primera, la cual no le va a gustar a mis colegas, tiene que ver con que no hemos hecho la tarea a fondo, que falta mucho por hacer para lograr que la gente entienda la urgencia que tiene ese tema. En este caso, el tema patrimonio, simplemente, no figura en sus pantallas.

La segunda señala un desinterés de nuestra gente alrededor del tema cultural y, evidentemente, las interpretaciones que pretenden volver una sola cosa a la cultura y al arte conllevan esa situación. Esa amalgama desdibuja y permite hablar de cultura ciudadana y arte al mismo tiempo, creando una confusión, especialmente en lo operativo. A eso se le suma que hace 30 años la materia Historia no figura en el pénsum escolar, creando un profundo vacío dentro del cual el tema patrimonio igualmente se pierde. Son candidatos precisamente de esa generación que no estableció un vínculo con el pasado en el colegio; para ellos ese tema está allende de su mundo cognoscitivo.

Se podría señalar otro protagonista que adquiere relevancia en esta constelación: el Estado. La promoción que hace del patrimonio es errática y sin sustancia, derrochando miles de pesos de los contribuyentes sin lograr su propósito. Cada semestre sale otro proyecto igualmente inoperante, devorando millones de pesos en burocracia y publicidad engañosa por lo pendeja, sin realmente aportar una solución. Todo está amenazado de ruina y los gobernantes están listos a demoler lo que se pueda desplomar, porque prima la vida del transeúnte. Fue un éxito la operación y no importa que el paciente, más sin embargo, haya muerto.