Cuando escribí hace poco que la figura del arriero, tan resaltada hoy en día, opacaba a los demás protagonistas de la Colonización Antioqueña, me refería precisamente al fenómeno que otros protagonistas como el poeta Gregorio Gutiérrez se conoce muy poco y, sobre todo, la gente nuestra no disfruta de una de las más bellas composiciones suyas: “Memoria sobre el cultivo del Maíz”.
Esta Memoria, en sus cuatro apartes, describe el cultivo del maíz, que va desde el desmonte de la original selva hasta su consumo, alimento que hizo exitoso ese gran movimiento de gente antioqueña hacia lo que fue el Gran Caldas y ciertas zonas aledañas. Sus versos parecen escritos desde un caballete de un paisajista que, desde lejos, para guardar la panorámica, pinta ese proceso colonizador, en el que el trabajo se impone y rinde grandes frutos.
Se nota que la descripción no la hace alguien ajeno, asombrado o divertido con el hecho, sino alguien que estuvo envuelto en esas faenas y las captó, no solo como metáfora poética, pudiendo así trascender y palpar la importancia de ese rudo oficio.
“…Cantando a todo pecho la guabina
canción sabrosa, dejativa y ruda,
ruda cual las montañas antioqueñas
donde tiene su imperio y fue su cuna...”.
Pero Gregorio Gutiérrez es más que poesía para la cultura nuestra; para Manizales, especialmente, este primo hermano de Juan de Dios Aranzazu, el famoso concesionario de tierras, tiene implicaciones políticas.
En el semigolpe de Estado de 1864 que dio el grupo que quería zafarse del gobernador Pascual Bravo, impuesto por Tomás C. de Mosquera después de la Convención de Rionegro y reemplazarlo por Pedro Justo Berrio, uno de los líderes era el poeta Gregorio Gutiérrez. A él, después de la Batalla de Cascajo, que ganaron los conservadores después de la formidable carga del Batallón Salamina comandado por el coronel Cosme Marulanda, le correspondió facilitar el cambio de gobierno en la recién fundada Manizales, que contaba con 9.375 habitantes, de los cuales 3.123 vivían en el casco urbano.
Facilitar es un eufemismo, porque en el Archivo Municipal hay muchos documentos de esa época firmados por el poeta con sus características tres G referentes a la mano dura que se aplicó para imponer un gobierno conservador en la población y remitir a los presos políticos y a los liberales renuentes a pagar las contribuciones que les fueron impuestas, a Medellín.
No creo que la obra poética de este hombre desmerezca ante la mirada actual, en la cual ideas de derechos humanos y ambientalismo dominan las mentes de nuestra gente; todo lo contrario, estas vidas exigen ver el pasado desde un ángulo muy diferente para entender que el país avanza a pesar de que la ruta sea tortuosa. Decía Manuel Uribe Ángel que la Memoria del Maíz de Gutiérrez: “…se repite con delicia en la cabaña del pobre y se declama con orgullo en el aposento del rico y en el gabinete del literato…”
Insisto, estorban un tanto los arrieros para poder concentrarnos en la historia política de la Colonización Antioqueña que requiere ver más allá de las idílicas recuas de animales de carga y el tan ponderado problema de tierras.