Caldas
10 Jun, 2026
Bernardo Álvarez Acosta Q.E.P.D.
Tiene mucha relevancia la muerte de Bernardo Álvarez, porque se hace presente la amenaza de que desaparezcan su obra, su museo, la defensa de la historia de Marmato.
Supe el domingo que Bernardo Álvarez había muerto y me impresionó que murió apuñalado, sumándose esta muerte a tantas que suceden en nuestra Colombia sin razón alguna.
“Alcalde, nos están matando, Marmato y sus habitantes no dormimos tranquilos, estamos temerosos”. Este es el aviso que circula en redes, al cual yo anexaría otro renglón y dirigiendo esta pregunta a toda la población: ¿Qué pasará con el legado de este defensor de la cultura de Marmato? Ampliaría ese sentido clamor señalando que parte de la vida humana está precisamente en su pasado. Que los pueblos y naciones viven porque hombres como Bernardo Álvarez se empeñaron en conservarla más allá de una memoria.
Tiene mucha relevancia la muerte de Bernardo Álvarez, porque se hace presente la amenaza de que con su muerte desaparezcan su obra, su museo y la defensa de la historia de Marmato. Bernardo Álvarez había asumido la tremenda tarea de conservar vivo el centenario pasado de esa pujante población. Eran contagiosos el entusiasmo y la visión que él tenía de la cultura de Marmato.
De sus investigaciones había acopiado mucha información y objetos acerca de la minería que con orgullo presentaba a visitantes en su museo ubicado al frente del templo de Santa Bárbara, en todo el corazón de Marmato. Bernardo vivía la cultura de Marmato, pero en especial la sabía comunicar.
Lo conocí el año pasado cuando estuve en Marmato sondeando el interés que tendría este municipio en publicar las Memorias del sabio Boussingoldt en la parte que concernía a las tres poblaciones mineras: Marmato, Supía y Riosucio. Había sido este sabio francés, contratado por el vicepresidente Santander, el que introdujo la minería mecanizada a esta región, incrementando el rendimiento de esas minas de forma importante. Mucho le gustó la idea, tanto que me pidió poderse quedar con el machote del libro. Estaba organizando Bernardo ese día un tour por las minas, mostrando que Marmato tenía una vocación turística. Con él y un grupo de guías entré en un socavón, viviendo esa sensacional experiencia de estar 200 metros dentro de la tierra, y después pude presenciar cómo se fundían 2 kilos de oro en tres barras para ser vendidas. En otra oportunidad me reuní, me acompañaba Efraín Murillo, un empresario de turismo, con él y su amigo, fuera del mecenas Guillermo Ortíz, para hablar sobre crear un producto turístico que tuviera como eje la producción de oro, ya que Marmato es una de las minas de oro más interesantes del mundo y seguramente la mejor
ubicada para hacer turismo.
Como caldense y admirador de Bernardo Álvarez, siento tristeza, pero en especial temor por la muerte de este hombre entusiasta, ya que sospecho que no hay con quién reemplazarlo, obligándome a aceptar que su desaparición es una pérdida enorme para el departamento cuya historia e identidad se componen de la presencia de sus 27 municipios. No olvidemos que son, precisamente, hombres con una visión especial como la que tenía Bernardo los que se encargan de efectuar esos aportes a la imagen de ese todo llamado caldensidad.
A Marmato, y a su familia les quiero expresar mi sentida condolencia.